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CUALQUIER PARECIDO ES PURA COINCIDENCIA Katmand ú, 30 de marzo de 2005. Muy queridos amigos de Ecuador y del mundo. Reciban desde Katmandú, la capital de Nepal, un abrazo cálido y cariñoso. Aquí me encuentro desde ayer 29 de marzo con la misma ilusión y el entusiasmo de siempre, ahora DIOS mediante, tras las cimas del Dhaulagiri ( 8 167 m ) y del Annapurna ( 8 091 m ). Estoy de vuelta en esta ciudad como cada primavera o cada otoño antes de partir en una expedición rumbo a las montañas más altas del mundo, acunadas en buena parte por esta cordillera del Himalaya. Katmandú está igual, con sus mismos colores, con su desorden y ruido, pero también con su hospitalidad y con su cariño. Esta ciudad, donde conviven al mismo tiempo codeándose en cualquier rincón de las calles, el dios del dolor de muelas con el vendedor de flautas; la diosa viviente Khumari y el máximo representante de la guerrilla maoísta; un shadu adorador de Shiva y un vendedor de hachís. A propósito de estos vendedores, algo debo tener en mi talante porque repetidamente se acercan a ofrecerme el hachís más puro y volador; entonces debo explicarles que mis vuelos comienzan sobre los ocho mil metros de altitud, por el detallito aquel de la falta de oxígeno. En fin, ésta es Katmandú. Pero esta ciudad en particular y el país en general están inmersos en convulsiones continuas a partir del 2001, cuando el rey anterior Bhir Bihendra fuera asesinado con toda la familia real y en su lugar accediera al trono el rey actual Yogagendra. Como parte de esas manifestaciones, en los últimos años han recrudecido aún más los enfrentamientos entre la guerrilla maoísta y el Gobierno y precisamente una vaharada de esa actividad nos llegó también a los expedicionarios; supongo que recuerdan todavía que durante el año pasado, en primavera, fuimos asaltados y con recibo de vuelta, en el campo base del Makalú.  Para ponerles a tanto del tema que ahora me compete, debo comentarles como antecedente que la administración de Gobierno en el Nepal se conformaba por monarquía y parlamento, cada uno en cincuenta por ciento. Lo cierto es que el día 1 de febrero, (a dos meses de diferencia de cierta decisión en Ecuador, pues eso es lo que hay entre diciembre y febrero, y ya ven ustedes, qué coincidencia) el rey Yogagendra dictaminó que el parlamento no iba más y dio por anulados sus derechos, erigiéndose en la única autoridad al mando de toda la nación. Cómo era de suponer, obviamente las manifestaciones maoístas aumentaron radicalmente de tono ante lo cual, para evitar conspiraciones, atentados y revoluciones, el rey suspendió las comunicaciones por teléfonos celulares e Internet. Ventajosamente, el corte de la comunicación a través del ciber espacio duró un poco más de una semana. Pero la suspensión de los celulares ya va cerca del mes y medio. Así se encuentran ahora mis buenos amigos de Katmandú, como hace cinco o seis años atrás, dependiendo únicamente de la telefonía fija. Claro, solamente sabiendo eso puedo entender por qué carajos no estuvo nadie de la agencia a recibirme en el aeropuerto, cuando así me lo habían prometido. Mi vuelo que llegaba desde Bangkok salió retrasado una hora y eso cambio todos los planes; al sentirme solo y abandonado pedí alquilar un teléfono para comunicarme con Nima Serpa, el dueño de la agencia en Katmandú. Cuando le dictaba el número al nepalí que me facilitaba el aparato, muy cortésmente me hizo saber: — Sorry Sir. One month ago no mobile telephones. — ¡Ahhhhhh! OK my friend. Entonces llegaron a mi mente dos imágenes: Primero, me acordé de mis buenos amigos Alberto Sandoval y Luis Bernardo Silva (Presidente y Vicepresidente respectivamente de Bell South, ahora Telefónica-Movistar, mis auspiciantes) y lo espectacular que les hubiera caído a ellos y a todo su equipo casi un mes y medio de vacaciones, de buenas a primeras. ¡Lindo! Así de repente, verse avocados a dejar de lado el estrés cotidiano de las reuniones, de las aprobaciones, de los plazos que hay que cumplir, de los auspicios a los montañistas; en fin, de tantas cosas. Tomar en lugar de ello, la maleta, y mandarse a cambiar a cualquiera de las playitas de nuestro encantador país, calzarse las zapatillas, trotar en la playa unos cuantos kilómetros, celebrarlo al final con una Pilsener o una limonada bien heladita, y después… un ceviche mixto de camarones, pulpos y conchas acompañado de unos chifles bien saladitos. ¡Guaaaaaau, eso sería de locura! Después de reírme un rato imaginando esa posibilidad, y ya en otro orden de cosas, pensé que cambiados los nombres vamos por lo mismo: Porque aquí en Nepal hay niños que trabajan en la calle, porque aquí en Nepal hay hospitales que no pueden atender pues faltan recursos, porque aquí en Nepal hay corrupción en la mayoría de las instancias de gobierno; porque en Ecuador, haber tomado decisiones en contra de cualquier principio democrático no significa otra cosa que declarar oídos sordos al fundamento básico de la existencia del ser humano: la comunicación y lo que eso significa; es decir, escuchar, atender, proponer, aceptar, concluir, respetar y finalmente… decidir. De alguna manera, usando esta misma analogía entre el Gobierno de Nepal y nosotros, en Ecuador nos hemos quedado incomunicados desde el 1 de diciembre, entre el Coronel y el pueblo raso. Desde mi Katmandú querida, hago votos porque en estos dos meses que durará mi periplo se restablezca el valor de los verbos escuchar, atender, proponer, aceptar, concluir, respetar y finalmente… decidir. Un gran abrazo para todos ustedes. Ivan Vallejo Ricaurte EXPEDICIONARIO
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