Desafio 14






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EN ESPERA HACIA PHOKARA

Katmandú 02 de Abril de 2005.

Amigas y amigos de Ecuador y del mundo.

Comienzo manifestándoles que era mi interés escribir esta crónica desde Phokara, un pueblito ubicado a 250 km . al noroeste de Katmandú, lugar desde donde se inicia la marcha de aproximación al Dhaulagiri y/o al Annapurna.

Para amanecer hoy día me acosté a las tres y media de la mañana después de haber dejado listo todo el material necesario para la expedición: comida, ropa, material técnico, etc. A las cuatro y media de la mañana, Nima Serpa mi amigo nepalí dueño de la agencia que se encarga de todos los detalles previos a una expedición, estuvo listo para ordenar y distribuir tanto la carga, como a nosotros los expedicionarios en los dos buses dispuestos para ello, pues somos en total 18 miembros entre escaladores y acompañantes, hasta el Campo Base. Con toda la parafernalia lista y con cara de mal dormidos la mayoría de nosotros, salimos desde el hotel a las seis y cuarto de la mañana. El azar quiso que en la selección de mi asiento en el bus yo fuera premiado y me tocara el mejor para extenderme a gusto y recuperar las hartas horas de sueño que le estaba debiendo a mi cuerpito latino. Así, sin más me entregué a Morfeo.

Transcurridos unos tres cuartos de hora cuando me di cuenta, entre sueños desde luego, que el bus había dejado de caminar. No me preocupé en lo mas mínimo por el detalle, pues mi interés era solamente dormir, es más creo que ese era el interés de todos. Ante la insistencia de Manuelito Lugli (coordinador de la expedición) por saber cual era el problema, nos enteramos que el atasco se debía a que el ejercito nepalí estaba haciendo un chequeo, vehículo por vehículo en un puesto de control, como medida de seguridad en prevención de cualquier desmande por parte de los famosos maoistas.

De acuerdo a la fila de carros que había en espera, el cálculo más optimista de llegar al sitio de control era de dos horas. Recibí la información y sin más me acurruqué para seguir durmiendo.


Fotografía pertenece a: Klemen Gricar

Entre sueños y porque tenía casi todo mi cuerpo amortiguado por la incomodidad, asumí que ya habían pasado las dos horas. En efecto el tiempo transcurrió pero ni nuestro bus ni los que estaban adelante o atrás, se habían movido un centímetro. Volviendo desde el mas alla abrí un ojito, luego el otro, me estiré primero y luego me desperecé como gato y decidí averiguar por mis propios medios el desenlace del asunto. Cuando tuve ante mí la sorprendente cola de toda clase de vehículos que esperaban por el dichoso control, inmediatamente me acordé de la muralla china de Khafka, cuando habla de los infinitos y de los interminables. Eso precisamente era lo que tenía ante mis ojos: cientos o posiblemente miles de vehículos parados en espera de recibir la orden y continuar el viaje hacia Phokara.

Semejante lío no podía ser posible por una operación de simple chequeo, asumimos completamente la investigación y entonces nos enteramos que en un trayecto de mas o menos un kilómetro los maos habían obstruido la carretera y los militares se hallaban tomando las medidas del caso para dejar expedita la vía, a eso había que añadir que no se atrevían a abrir el paso por temor a que hubieran atentados en el ínterin.

Las horas pasaron, llego el medio día, luego la una de la tarde, despues dieron las dos y no nos habíamos movido un centímetro desde que nos plantamos alli a las siete de la mañana. A las tres, sin visos de solución y muertos de hambre, buscamos un sitio donde comer, por suerte gallinas y buena voluntad hay en cualquier parte del mundo y pudimos resolver la reseca, el hambre, el calor, el agobio y el cansancio con un caldito de gallina y unos tallarines de película.

La sobremesa duro hasta las cuatro de la tarde en la esperanza de continuar el viaje, pero que va, fue imposible. Así que nos tocó la vuelta del músico, tomar los instrumentos y llevar nuestra fiesta de vuelta a Katmandú.

Aquí estoy de regreso, con la esperanza de pasar mañana temprano rumbo a Phokara donde comenzaremos nuestra caminata de acercamiento al Dhaulagiri.

Estos avatares me recuerdan a mi querido Ecuador, donde jamás uno puede aburrirse porque las sorpresas y la creatividad nos asaltan a cada paso.

Con todo mi afecto desde la capital de Nepal, en espera de poder continuar;

Iván Vallejo Ricaurte

Expedicionario

 

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