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POR FIN EN PHOKARA
Phokara, 04 de abril de 2005 Queridos amigos. Les escribo ahora desde la apacible Phokara , una pequeña ciudad ubicada a 748 m . de altitud, que viene a ser como la puerta de ingreso a la cadena de los Annapurnas y del Dhaulagiri. Contrastando con la locura y la vorágine de Katmandú, Pokhara vive casi en la paz total; aquí los pajaritos tienen todo el espacio del mundo para cantar desde la cinco de la mañana, el sol arranca mirandose en el espejo del precioso lago de Phokara y saluda también al reflejo de una parte de los Annapurnas y del Machapuchare; éste último, un pico espectacular e imponente de casi 7 000 m . de altitud (6 997m.) considerado sagrado por el pueblo nepalí. La verdad es que éste es un pueblo de encanto, tan así que esta mañana, cuando abrí la cortina de la habitación de mi hotel y disfrute todo el paisaje que tenía en frente, pensé que con el pretexto de pasar una inovidable luna de miel en este lugar, tranquilamente me animaría por unas segundas nupcias. Ahora, he de decirles que llegar hasta acá ha requerido un camino largo y de mucha paciencia, y para seguir con la analogía de casarme otra vez, ha sido como esos amores que a veces a uno le tocan en suerte, que son exigentes, algo complicados y de mucha dedicación hasta que nos den el SI definitivo. En el anterior reportaje enviado, les contaba que el día sábado nos quedamos con los churos hechos y tuvimos que regresar de vuelta a Katmandú porque no había paso en la carretera, impedidos por las manifestaciones de la guerrilla maoista. Ayer domingo arrancamos nuevamente con el viaje. Salimos a las siete de la mañana de Katmandú, todos cruzando los dedos para que la situación se arreglara y pudiéramos llegar hasta Phokara. Apenas habíamos salido de Katmandú, nos topamos con una fila de autos de todo tipo: camiones de carga, buses, taxis, autos particulares, etc.; de al menos dos cientas unidades. Con ese panorama y tomando en cuenta que habría un numero similar de coches en la direccion de Phokara a Katmandú, nos imaginábamos que cubrir el trayecto de los escasos 200 km . de distancia nos tomaría un buen rato. 
Fotografía pertenece a: Klemen Gricar Para nuestro sentido de circulación, el paso se abrió a las nueve y media de la mañana, con lo cual ya habían transcurrido dos horas de espera, y a partir de allí comenzó la procesión hacia la ansiada ciudad. Avanzábamos solamente unos pocos metros y seguidamente venía una espera de por lo menos una hora cada vez; curiosamente el libro de Osho que había seleccionado para que me acompañara en este trayecto, hablaba sobre el valor de la PACIENCIA, vaya que coincidencia. La verdad es que jamás se me habría ocurrido poner en práctica tan inmeditamente una de las sugerencias de Osho: el valor de la paciencia es sabiduría, no quieras que las cosas se hagan de inmediato, porque entonces perderás la objetividad y los resultados no serán mejores. Por un momento se me ocurrió pensar que en alguna parte del camino, Osho se pudo haber encontrado con algún dirigente maoísta; si no, cómo explicar tanta coincidencia. En el lento avanzar de esa interminable cola de autos pasaban las horas y los viajeros hacíamos todo lo que se nos ocurría para disfrutar el momento: leer, escuchar música, jugar cartas en plena carretera, comer platanitos de Nepal (porque eran muy pequeñitos), tomar agua, dormir, tomar fotos, filmar; en fin, tantas cosas posibles con la única finalidad de disfrutar intensamente el momento que nos tocaba vivir. Mejor no pudo haber aportado la lectura de Osho. Para acortarles el cuento, a las ocho de la noche por fin llegamos a la ciudad de nuestros sueños, después de 13 horas de viaje para cubrir apenas 200 kilómetros . Haciendo las cuentas, descubrí que el día anterior habíamos circulado más o menos 15 km . cada hora. ¡Que tal! ¿Esto si es de alucine, verdad? Por la noche, como justa recompensa cenamos como reyes en el Mama Mia Restaurant para celebrar nuestra llegada a Phokara y para aplacar el hambre feroz que traíamos de todo el día. Hoy, brevemente les comentaré algo sobre mis compañeros de expedición, pues más adelante haré una crónica específica. Ahora mismo estamos veinte miembros: diez escaladores que vamos al Dhaulagiri, de los cuales nueve son italianos y yo, de mi Ecuadorcito; faltan dos andinistas más que se unirán la próxima semana (Iñaki Ochoa y Peter Guggemos); otros nueve compañeros están haciendo solamente la caminata de acercamiento hasta el pie del Dhaulagiri y el oficial de enlace nepalí, un representante del Ministerio de Turismo de Nepal asignado por el gobierno, nos acompañará durante toda la expedición. Hay buen ambiente, son buenos amigos y en todos se nota una excelente disposición para pasarla bien. Mis queridos amigos, en una hora salimos en bus hacia Beni, el siguiente pueblito despues de Pokhara, y a partir de allí comenzaremos la caminata de acercamiento. Les escribiré la siguiente crónica desde algún punto en ese trayecto. Hasta tanto, reciban un saludo muy afectuoso desde la bella Pokhara , ciudad ideal para una primera o una segunda o la que fuera LUNA DE MIEL. Con mi cariño. Ivan Vallejo Ricaurte. EXPEDICIONARIO
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