Desafio 14






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DESDE EL CAMPAMENTO BASE

Queridos amigos del Ecuador y del mundo.

Ayer, miércoles 13 abril, hemos llegado al pie del Dhaulagiri en su cara Oeste, donde instalamos nuestro campamento base a 4 600 m . de altitud. Iniciamos esta caminata de acercamiento hace nueve días en Beni, un pueblito al noroeste de Katmandú ubicado a 830 m . de altitud, con 120 porteadores para 19 miembros entre escaladores en pos de la cima del Dhaulagiri y caminantes deseosos de conocer este precioso recorrido. En nueve días hemos pasado por los climas, vegetaciones y paisajes más diversos que pueden haber, desde tan baja altitud hasta los 4 600 m .

Los cuatro primeros días fueron de generosa fertilidad expresada por el verdor intenso de la vegetación: árboles copiosos, terrazas de arrozales, follaje abundante y agua por todas partes. Pero esos colores y esa vegetación sólo son posibles cuando la humedad es espesa y envolvente; en este viaje he confirmado que esas condiciones no son de mi especial gusto: todo pegajoso, todo mojado, sudando a lo bestia y claro, cómo no, los infelices y atrevidos mosquitos, al reconocer que debajo de esta piel morena hay sangre latina, dan la noticia a sus camaradas y me convierto de inmediato en presa fácil de la invasión de los insectos nepaleses. Al final de la jornada termino con sabor a sal, con olor a sudor y rascándome los picados por todos lados.

Creo que la existencia de los mosquitos es uno de los poquísimos errores en toda la maravillosa perfección de la creación. Mi reflexión es esta: Durante la caminata de acercamiento yo avanzo con mi sencilla humanidad de 60 kilos y 1,64 m . de estatura feliz por la vida, tomando fotos, saludando a las nepalesas y a los nepaleses, riéndome con los niños; en fin, yo metido en mi propio rollo de amante de la aventura y de la vida en el aire libre, y así sin más: escogido, puesto en la mira; entonces atacado, chupado, succionado, desposeído de mi propia sangre y con ello de mis glóbulos rojos que tanta falta me hacen para subir estas montañas. Y lo que es peor, agobiado después con el escozor y la molestia que no duran un minuto, una hora o un día. No; duran días de días y hasta llegan a dejar huella en el recuerdo y en la piel. Todo este abuso sin el menor consentimiento, aprobación o venia del agraviado, o sea yo. Por ello, no hay derecho queridos amigos, no hay derecho para semejante atropello. Me imagino que muchos de ustedes, si no todos, alguna vez habrán sido abusivamente atacados por una legión mosquitera y entonces estarán de acuerdo en que de toda la perfecta creación, el Gran Arquitecto solo se equivoco en el asunto de los mosquitos abusivos.

CAMPO BASE DEL DHAULAGIRI A 4 600 m.
CAMPO BASE DEL DHAULAGIRI A 4 600 m.
FOTO: MANUEL LUGLI 

Bueno, volviendo al tema de mi caminata…

Después del quinto día, ya sobre los 2 000 m . de altitud cambiamos un verde por otro, el de los árboles de rododendros: altos, robustos y con su particular elegancia. Ya hacía frío y yo feliz; más que por la temperatura, porque a estas altitudes esos bichos voladores no tienen la voluntad ni el coraje de subir.

El quinto y el sexto día cruzamos bosques de bambú muy tupidos con apenas un sendero delgadito para avanzar en medio de la espesura. Hasta allí le alcanzaba el oxígeno a la verdura del bambú.

A partir del séptimo día entramos en un paisaje más pálido, pintado por una especie de pajonal ralo y magro, pero por encima de éste, emergiendo imponente y precioso: el DHAULAGIRI. Ese día tuvo lugar mi primer encuentro y mi primera conversación con La Montaña Blanca.

Los días octavo y noveno, sobre los 4 000 m . de altitud, ya el terreno era de montaña, con la gran pared suroeste del Dhaula siempre presente y nosotros acercándonos, desde el fondo de una garganta nevada, recorrida por un torrente amarillo lechoso de nieve y hielo proveniente de la parte más alta de la montaña.

El miércoles 13 de abril hemos llegado al sitio del Campamento Base al pie del Dhaulagiri. Aquí nos juntamos todos, entre escaladores, caminantes, ayudantes, asistentes y cocineros, para ajustar los detalles de la que será nuestra vivienda en el próximo mes siguiente.

Desde el Campamento Base al pie del DHAULAGIRI, un afectuoso abrazo.

IVAN VALLEJO RICAURTE

Expedicionario.

 

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