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¿DONDE ESTA LA CIMA DE LOS COREANOS?
Segunda parte
Sobre los 7 000 metros , tres horas después, busco sobre mí las luces de los italianos y no las encuentro. Decido seguir subiendo 100 metros más y bajar si no las veo, pues seria muy arriesgado ascender solo en estas condiciones. Por otro lado, para terminar mi aclimatación es suficiente lo alcanzado. Cuando voy a comenzar a descender veo hacia abajo un par de luces que me desconciertan completamente, pues no tengo la menor idea de quienes podrían ser: ¿Los coreanos? Imposible. Si dijeron que con que uno de ellos llegue a la cima era suficiente, y dieron por terminada la expedición. ¿Ochoa o Stengl? Imposible. Si están en el campo base reponiéndose del intento a la cima. Sin embargo, mientras me acerco reconozco la chaqueta de plumas de mi amigo español.
— Llevo 8 horas hasta aquí hermano, desde que salí del Base.
—Eres mi héroe Ochoa
—Es que entre el Perico ripiao y El Niágara en bicicleta que llevo tarareando, ya ves cómo voy.
Ahora que subí a este intento de cima le dejé a Iñaki mi reproductor de discos compactos y mis CD's, y de ellos hay uno, el que más le gusta, que ha bautizado “Tropical Bomba Mix”. Le comento a Iñaki que bajo porque no he visto las luces de los italianos hacia la cima. El me hace saber que sí están subiendo, pero no los divisamos desde ahí.
—¡Vamos hermano, media vuelta y para arriba, porque el día va a ser bueno. Además Cristian también viene detrás! Me anima Ochoa.
Chequeo el altímetro y con gran pena veo que en 35 minutos he descendido 200 metros que con tanto esfuerzo había subido. ¡No hay más que hacer, para arriba otra vez!
Solamente dos horotas después vuelvo a llegar nuevamente al mismo sitio. Me abstraigo absolutamente de cualquier pensamiento y sigo subiendo. Me anima mucho la compañía de Iñaki y que el alba empieza a clarear.
7 300 m . Cinco y veinte de la mañana.
Llego al Campo III de los italianos. Paro a descansar con la esperanza de calentar la bebida que llevo; a pesar de la protección debida, casi está congelada. Encuentro el hornillo, intento prenderlo pero también se ha congelado. ¡No hay manera! Me llevo un trago helado de bebida a la boca mientras disfruto de lo que tengo que ver y soy inmensamente feliz. A mi derecha el Annapurna, 8 091 metros por encima de todo, precioso, con su ladera que aparece tan apacible y que por eso mismo es tan peligrosa; luego los otros Annapurnas, el II, el III y el IV; y del otro lado el resto de los Dhaulagiris. Abajo, bien abajo millones de metros cúbicos de nubes dormidas, apoyadas y cobijadas entre ellas mismas. El azul del alba es precioso porque es más color que luz.
Iñaki continúa subiendo por encima de mí y Cristian viene por abajo. Guardo mi botella, quiero tomar unas fotos y ninguna de las cámaras funciona en este frío. No me queda más que abrir muy bien lo ojos, como luna llena, y quedarme con el recuerdo de las formas y de los colores.
¡Qué jodido es subir por encima de los 7 000 m !
Yo ser humano insignificante e inútil, tosiendo, respirando a más de 160 pulsaciones por minuto y luchando por no parar después de apenas cuatro pasos. Ningún pensamiento o más bien escasos: Dónde pisar, cómo respirar. Tan cortita la ladera y no puedo llegar al final.
—Paciencia Vallejito, paciencia. Haz zen en cada paso.
Así lo hago, zen en cada paso, casi en la vacuidad total: sólo respirar, subir, parar y continuar.
7 400 m . El Campo III de los coreanos.
Afuera está Jambu el jefe de los sherpas con quien Mr. Pian llegó ayer a la cima. Dentro de la tienda, dos sherpas más y Mr. Pian, claro.
Jambu me saluda en nepalí y yo le contesto en nepalí, con lo cual confirmo que todavía no se me han muerto las neuronas. Le pido que me ayude a calentar mi bebida casi helada y me hace saber que no hay ollas disponibles.
Me despido y sigo subiendo entre toses y vómito, con unos estertores en la panza que me dejan molido después de cada sesión.
7 500 m. En cualquier lugar del Dhaulagiri, pero bien alto.
Cristian y yo nos juntamos en un rellano muy cómodo, entre dos grandes rocas, para descansar y hacer otra parada. Aprovecho para beber y vomitar, desde luego.
El pobre de Cristian, después de verme y oírme pacientemente, bromea.
—La próxima vez te filmo para hacer un especial: The other side of Iván Vallejo.
A lo cual asiento, pues nadie me ha filmado en esas condiciones cerca de 8 000.
Por fin podemos ver a los italianos siguiendo la misma huella de los sherpas y el coreano. Inmediatamente Cristian, después de echar al viento un par de juramentos, me dice que cree que esa vía está equivocada. Yo, sabiendo que en el grupo de los sherpas estaba uno que subía por quinta vez, le digo que tal cosa es imposible. Por otro lado, los italianos siguen hacia arriba.
Pero inexplicablemente Ochoa se desvía hacia la derecha de la huella, en semejante nieve floja, como si estuviera buscando algo que se le ha perdido. Ni Cristian ni yo entendemos lo qué pasa. Seguimos subiendo.
7 700 m. 11 h 35
Madre mía qué calor. ¡Sudando como en el oriente ecuatoriano en pleno invierno, y la nieve que parece sopa! De poco o nada sirven las huellas de los italianos y de Iñaki, igual nos hundimos, o más bien nadamos, Cristian y yo.
7 785 m. 12 h 00
Baja Romano. A punto de felicitarle por la cima, me dice que la huella de los coreanos no llega al punto más alto del Dhaulagiri. Desde ahí, confirma, es casi imposible acceder a través una finísima arista hasta la cumbre principal.
!!!!!!!!!!???????!!!!!!!!!!????????
Christian Stengl dice: ¡Scheisse!
Iván Vallejo dice: ¡Cagamos!
Inmediatamente atrás baja Ochoa. Entre cansado y cabreado no dice una sola palabra.
Nieves y Luca nos cuentan lo mismo.
—¿Qué hacemos Vallejo? Me pregunta Cristian en castellano y con acento teutón.
Me quedo con la cabeza en la cruz del piolet respirando y pensando. Por suerte este bello ejercicio de escalar montañas, primero, y el de subir por la vida después, aunque sea a pasos de hormiga, me han enseñado que no existe mejor situación para perder el poder que buscar culpables; y del otro lado, no hay actitud más liberadora que aceptar la propia responsabilidad. Entonces me hago las siguientes preguntas:
¿Alguien me obligó a seguir las huellas de los sherpas y el coreano? ¿Alguien me obligó a creer que ellos habían llegado a la verdadera cima del Dhaulagiri? ¿No fue acaso nuestra propia decisión “aprovechar” la huella de la expedición coreana?
Querido Stengl, la cima sólo es el punto más alto. Si es que a donde han llegado no es, para qué continuar subiendo, tenemos que regresar. Le gritamos a Ochoa pero no contesta, sin embargo sé que con él haremos equipo para volver.
Me bebo el último sorbo de líquido que a estas alturas ya está caliente, doy media vuelta y me mando a cambiar para abajo, desde casi 8 000 m de altitud.
Gracias a DIOS, a mi en eso de las bajadas me va muy bien. A las 2 estoy en el CIII, a las 3 en el CII, muerto de sed. Me hago un litro de agua que bebo en un dos por tres, vuelvo a revivir y sigo bajando. A las 5 en el CI, otro medio litro de agua y al Base.
A las 8 de la noche llegamos al CB los italianos y yo, Cristian al CII e Iñaki al CI. Es comprensible; para ellos fue un día muy largo y muy duro.
Volveremos nuevamente por la cima principal.
¿Y los Coreanos ?
Bien gracias. El 6 de mayo a las 7 y media de la mañana, tomaron un helicóptero con rumbo a Katmandú. Seguramente estarán celebrando la cima… a la que no llegaron.
Con mi afecto, desde el Campo Base, mientras esperamos que amaine el viento para realizar el ascenso a la cima, a la real, a la única que existe.
Iván Vallejo Ricaurte
Expedicionario
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