Desafio 14






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Desde el Campamento Base del Dhaulagiri
(07 de abril de 2008)

Queridos amigos:

 Hoy lunes 07 de abril les escribo desde el Campamento Base del Dhaulagiri.

 Desafortunadamente mi computador ha decidido, sin mi autorización desde luego, morirse por falta de oxígeno, por lo que he estado carente de la bondad tecnológica de este aparato. Hemos intentado por todos los medios posibles: cariño, abrigo, palabras dulces, caricias, reiniciar cientos de veces, pero cuando el oxígeno falta, no hay manera. Así de simple, se muere y chao.

 Afortunadamente mi compañero de expedición Nacho Orbiz me ha puesto a las órdenes su computador, gracias a lo cual estoy nuevamente con ustedes.

 Hoy, después de tantas nevadas, hemos tenido un día espléndido que lo hemos disfrutado al máximo, lo cual incluyó duchita de agua caliente después de doce días de ausencia de ese regalo.

 Les envío una crónica que la escribí el viernes, pero que por lo antes anotado no he podido hacerles llegar antes.

 Contando con su comprensión, me despido dejándoles un fuerte abrazo.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

DESDE EL CAMPAMENTO BASE DEL DHAULAGIRI
(Domingo 05 de abril de 2008)

 

Queridos amigos

 Cuando les escribo esta nota son las 11h30 del día domingo 05 de abril en el Campamento Base al pie del Dhaulagiri, sitio al que finalmente hemos llegado al medio día del pasado viernes con la ayuda de un helicóptero que nos sacó desde el Campo Italiano hasta este lugar.

 Por ahora el paso inmediato es establecer el Campamento Base con todas las comodidades necesarias para las cinco o seis semanas que viviremos en este sitio. Pero desafortunadamente el mal clima que ahora mismo tenemos nos impide completar esta tarea. Casi con puntualidad matemática, cosa muy poco común en Nepal, desde hace una semana, todas las tardes nieva. La nevisca que ahora mismo estamos aguantando comenzó ayer por la tarde y no ha parado un solo rato. El campamento está cubierto por una blancura de más de medio metro y no hay la menor señal de que pare de precipitar en las siguientes horas.

Así las cosas, y si mejora el clima hoy en la tarde, deberemos esperar por lo menos un par de días para realizar la primera incursión a la montaña con el objetivo de encontrar la vía hasta lo que será nuestro Campamento 1.

 A pesar de las condiciones incómodas del clima el ánimo de todos nosotros está muy alto, somos un equipo fuerte, entusiasta y con todas las ganas de llegar a la cima del Dhaulagiri.

 Hasta mi próxima conexión con ustedes a través de este medio les dejo una crónica que escribí sobre el ansiado rescate desde el Campo Italiano.

 Que lo disfruten.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

POR FIN EL HELICOPTERO
Viernes 04 de abril de 2008

 

  Después de una larga espera que a momentos se estaba volviendo angustiosa, por fin, hemos podido salir del Campamento Italiano y llegar hoy día viernes, cerca del medio día, al pie del Dhaulagiri en la cara noreste donde plantaremos nuestro Campamento Base.

 Como antecedente debo contarles que la mañana del lunes 31 de marzo fue muy crítica debido a la brutal nevada que cayó el día anterior, de los ciento quince porteadores con que contábamos desistieron noventa y cinco y nos quedamos únicamente con veinte para transportar 3.500 KG de carga, a dos días de llegar a nuestro destino. A pesar de que era casi imposible  pensar en semejante operación no perdimos las esperanzas de poder hacerla, pero éstas quedaron diluidas la mañana del martes cuando una nueva nevada hizo desistir a la mitad de porteadores del ya escuálido escuadrón con que contábamos. Con ese panorama tan negro, igual que el cielo de  las últimas tardes, el único camino que nos quedaba era que alguien nos sacara en helicóptero.

Las gestiones, como es lógico, las comenzamos inmediatamente la misma mañana del martes. De Katmandú nos prometieron (a menos que la palabra promise tenga otra traducción en nepalí) que el helicóptero llegaría temprano en la mañana del jueves.

Inocentes, pobres de nosotros.

El jueves muy temprano desayunamos muertos del frío a la intemperie porque ya habíamos desarmado el provisional campamento.

Pasaban las horas, las nubes subían desde el valle y por ningún lado asomaba el deseado helicóptero. Nos preguntábamos con cara de incautos que significará promise en nepalí.

El jueves pasó como un suspiro, como aquél que la moza exhala

al ver partir a su adorado aventurero de camino al Himalaya.

Después de la cena llamamos nuevamente a Katmandú a preguntar o a implorar, no sé, por el helicóptero.

Con la dulzura muy característica de cualquier nepalés que se precie de dar la cara a los atrasos, Ranjai Rai nos volvió a prometer: No problem my friend, tomorrow morning.

 Con este antecedente de promesa no cumplida nos fuimos a dormir con la esperanza de ver aparecer, el viernes en la mañana, el anhelado aparato.

 


Abandonados al pie de la helada cara oeste del Dhaulagiri,
con nuestro precario campamento a la espera del helicóptero.

 

Viernes 04

 La espera de hoy día fue angustiosa pues ayer nos prometieron que el helicóptero vendría por nosotros a las nueve de la mañana. Pero la noción de puntualidad en Nepal tiene un concepto muy particular que no creo que existe otro similar en el planeta. Como era de esperarse dieron las nueve y ni las orejas (las aspas sería mejor en este caso) del helicóptero. A las nueve y media, tampoco. A las diez de la mañana las nubes del valle sutilmente empezaban a juntarse, amotinándose entre ellas como para boicotear nuestro escape del Campo Italiano. Igual como evolucionaban las nubes de blancas y sutiles a espesas y negras, nuestra angustia iba de camino a la histeria colectiva ante la posibilidad de tener que deshacer los bultos y armar un campamento provisional, una vez más, en medio de la incomodidad y la nieve. Alex Chicón, uno de mis compañeros de aventura, como buen vasco que es empezaba a preguntarse cuál sería la mejor tortura para infringirla a Ranjai Rai que desde hace dos días nos estaba engañando con la llegada del helicóptero. Dieron las diez y media de la mañana Con una mezcla media rara de enojo, desesperación y ruego hicimos una nueva llamada a Rai, nos avisó entonces que veinte minutos antes el helicóptero había despejado de Pokhara. Cantamos victoria, pero con muchas dudas, porque en Nepal uno nuca sabe.

Dieron las once de la mañana y no había señales del inmenso bicho mecánico. Todos nos comíamos las uñas mascullando el miedo por dentro, haciendo mutis. A las once y cuarto por fin escuchamos el rugido ronco que venía desde el fondo del valle. Ahí si cantamos victoria, pero faltaba una…..que el helicóptero pudiera aterrizar en el minúsculo espacio que habíamos preparado.

Era una nave azul con amarillo moviéndose despacio por encima de la quebrada. Cuando mire las letras amarillas pintadas a un lado del fuselaje estaba seguro que era de la empresa MANAG AIR y que sin duda sería Valery, el gran Valery, uno de los mejores pilotos que he conocido en el Himalaya, quien venía al mando de la nave. Cuando se acercó el aparato con su panza azul por delante todos nos echamos al suelo para hundirnos en los matorrales y huir del huracán que generaba las aspas. Hundido en los sotos me di modos para mirar con el rabillo del ojo la elegancia con la que semejante aparato se posaba despacito y con precisión de relojero en el minúsculo espacio que habíamos adecuado. Cuando bajaron las revoluciones del motor todos sacamos mansamente nuestras cabezas, como las marmotas de las madrigueras, y pude comprobar que era Valery. Ahí estaba él detrás de los cristales de las gafas ámbar, calzando los audífonos negros que destacaban por encima de su calva impecable. Me acerqué a la ventanilla y le saludé levantado el pulgar de mi mano derecha, el me correspondió de igual manera.

 Lo que vino después fue lo que habíamos repasado desde hace cuatro días: mover bultos, recoger paquetes, levantar mochilas y meterlas en la panza vacía de ese delfín de los aires. Cuando se hinchó el vientre con 1800 Kg. de peso, el sobrecargo dio la orden de clausurar las puertas e iniciar el vuelo. En el primer viaje nos embarcamos cuatro expedicionarios y cuatro nepaleses. Con la misma prestancia con que llegó, elegantemente levantó el armatoste, lo ladeó despacito en dirección al valle, dibujó un par de círculos enormes en el aire y allí estábamos nosotros volando por encima de la quebrada, los pinos y los rododendros de la cara oeste del Dhaulagiri.

En cuestión de quince minutos llegamos a nuestro destino.

Con la misma locura con la que subimos los bultos tuvimos que bajarlos, tenía que hacer otro viaje. Cuando terminamos la faena, con el rugido encima, volví hasta las escalerillas e ingresé hasta la cabina para buscar a Valery, le topé el hombro, me volteó a ver, le obsequié un afiche de mi cima en el Annapurna y alzando la voz para que me escuchara le dije: Valery, you are the best.  El me correspondió con una sonrisa y levantando su pulgar.

Salté por la puertecilla en dirección a mis compañeros, todos juntos nos hicimos un ovillo para aguantar de nuevo otro huracán. El delfín azul se alzaba por los aires y nosotros habíamos llegado al Campamento Base.

 


Con la misma prestancia con que llegó,
elegantemente levantó el armatoste,
lo ladeó despacito en dirección al valle y empezó a volar.

  

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2008 es posible gracias a los auspicios de: Diners Club; MoviStar; Marathon Sports; Yanbal; EMAAP

Con la colaboración de:
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