Desafio 14






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SER PARTE DE…
(Martes 08 de abril de 2008)

 

Campamento Base del Dhaulagiri

Miércoles 9 de abril de 2008

Queridos amigos:

Cuando les escribo esta nota son las 22h00, ya cerca de irme a dormir, bastante cansado después de la jornada de hoy.

Estamos muy contentos porque hemos hecho un trabajo muy importante para la expedición.

Después de siete largas horas de ascensión, con un sol inclemente y cualquier cantidad de nieve floja, llegamos hasta el sitio donde colocaremos el Campamento 1 a

5 850 metros.

Allí dejamos tiendas, cartuchos de gas, cocinetas y cuatrocientos metros de cuerda.

Mañana nos toca descanso, bien merecido desde luego, para reanudar el oficio pasado mañana.

El día de ayer celebramos la ceremonia budista de la Puja, referente a lo cual escribí una crónica que la titulé: SER PARTE DE…

Que la disfruten.

Un gran abrazo desde Nepal.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

Sagarmatha: Diosa Madre del Universo;
Cho Oyu: Diosa Turquesa;
Annapurna: Diosa de la Abundancia.

 

La gran mayoría de las montañas del Himalaya son consideradas deidades, morada de los dioses o sagradas, como es el caso del Macha Puchare o del Monte Kailas, que por tal razón están vedadas para ser ascendidas por el ser humano.

Para acceder a esos dioses o a sus moradas hay que buscar una puerta que nos permita a nosotros simples mortales, amantes de la aventura, ingresar en ese universo cuyas reglas poco o nada entendemos, pero lo que cuenta es el deseo de ser por un reducidísimo lapso de tiempo (qué son cinco o seis semanas dentro del infinito calendario del Cosmos) parte de esa naturaleza y sus elementos.

El deseo de ser parte de ese aire tan fino carente de oxígeno

…de ese azul profundo que cobija la montaña cuando está cubierta

…de la neblina y el vendaval que la cubre cuando está esquiva

…de esas noches oscuras y limpias con millones de estrellas brillando en el firmamento

…de la nieve, la roca, el viento, el agua, el calor y el frío

…de ese espacio tan soñado, a veces minúsculo, a veces amplio, pero siempre anhelado: la cima.

Esto es lo que cuenta para mi cuando vengo a la montaña: buscar ser parte de ella, que me acepte, que me acoja, que me obsequie (la cima) y finalmente me devuelva (a mi terrenalidad).

La Puja es una ceremonia budista que se ofrece al pie de una montaña del Himalaya para pedir a los dioses aceptación y benevolencia para los expedicionarios. Esta ceremonia, para mi concepto, es precisamente la puerta de ingreso que me permite pasar el umbral, conectarme y ser parte de…

Temprano en la mañana Muktu y Pasang, los dos sherpas que nos acompañan en la expedición, ya habían acondicionado cerca de la carpa comedor una especie de altar con piedras lajas recogidas del glaciar contiguo. Ordenadamente estaban colocadas dos estampas de Buda flanqueadas por manojos de incienso y ramas de rododendro recogidas en la marcha de aproximación y traídas hasta aquí para este efecto. A un costado una amplia bandeja de mimbre abarrotada de modestos bocaditos: trozos de torta de chocolate, pedazos de manzana, galletas de dulce y pan nepalés. Y como sosteniendo la bandeja una doble fila de latas de cerveza y Coca Cola para el brindis.

Sherpas y expedicionarios colocamos alrededor del altar una buena parte de nuestro equipo de montaña: crampones, botas, piolets, mochilas, ropa, etc. Yo añado, como siempre, objetos personales de mucho valor en este camino de la montaña:

Dos cartas, una de mi hijo Andy y otra de mi hija Kamila escritas y dedicadas especialmente para este Dhaulagiri.

Mi escapulario budista que desde 1997 lo llevo siempre en el Himalaya y  lo recibí de un monje lama al pie del Manaslú (8 163 m) en una ceremonia de la Puja.

Una khada (bufanda budista) que significa: bienvenido y buena suerte, que la recibí y la llevé puesta hasta la cima del Ama Dablam en 1996 cuando realicé mi primera incursión seria en la Cordillera del Himalaya preparándome para el Everest.

Una foto del Dhaulagiri con la ruta trazada por donde vamos a subir y la bandera de mi país dibujada en la cima.

El guante de guardameta que mi hijo calzaba en su adolescencia y que me lo obsequió en marzo de 1999 para llevármelo hasta la cima del Everest, junto con una carta que decía: …..con estos guantes he ganado y he perdido partidos pero están cargados de energía y amor, y todo el amor te lo doy a ti para que puedas conquistar el Everest.

Con ese guante llegué a la cima del Everest

El peluche de Kamila: el Pigglet de Winnie Pooh que también me lo entregó para el Everest. Ella no sabía escribir cartas en ese entonces, por eso me dijo al oído: para que llegue a la punta del Everest.

Con ese peluche también llegué a la cima del Everest.

El lama comienza la ceremonia sentado en posición de loto frente al altar y nosotros apostados junto a él. Mientras reza las salmodias yo le pido al Dhaulagiri que nos acepte en su reino y permita que Edurne consiga su décimo ochomil y yo mi décimo cuarto.

El reza, yo también.

Una de las ramitas, haciendo de hisopo, la sumerge en un cuenco de agua y con un ademán de bendición la pulveriza finamente por el aire, acompasando siempre con el murmullo de sus rezos.

A intervalos me llegan las bocanadas de humo de los inciensos y el rododendro que se consumen con el fuego.

Con una venia nos da la orden de ponernos de pie y enseguida nos entrega a todos los feligreses un puñado de arroz en cantidad suficiente que cabe en las dos manos. Con las palmas abiertas hacia el azul del cielo y la pirámide del Dhaulagiri entonamos un monosílabo y lanzamos los granos de arroz por los aires pidiendo buena fortuna al Dhaulagiri. Despojados del arroz el lama nos ofrece un cuenco con harina de trigo, tomamos un puñado y de igual manera lo lanzamos al aire coreando el mismo monosílabo.

Después como en una especie de carnaval nos untamos harina en los rostros deseándonos buena suerte con abrazos y apretones de manos. La puerta del Dhaulagiri ahora está abierta.

El incienso y los rododendros  dejan volutas que en su vuelo quizás lleguen hasta la cumbre de esta montaña,

Recojo mis botas, la mochila y los crampones, y en una bolsita negra guardo mis regalos y mis amuletos que me los llevaré, Dios mediante, hasta la cima del Dhaulagiri.


El guante, el peluche, mis regalos y mis amuletos
que me los llevaré, Dios mediante,
hasta la cima del Dhaulagiri.

  

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2008 es posible gracias a los auspicios de: Diners Club; MoviStar; Marathon Sports; Yanbal; EMAAP

Con la colaboración de:
DHL; Maquinet Services; Seguros Alamo, Tatoo, Salud y Graphus

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