Desafio 14






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INFORME DE EXPEDICIÓN
21 de abril de 2008

 

Campamento Base del Dhaulagiri, martes 22 de abril de 2008

 Queridos amigos:

 Les escribo desde el CB del Dhaulagiri para contarles el desarrollo de nuestra expedición que con la benevolencia de la Montaña Blanca (Dhaulagiri) y las condiciones del clima va avanzando muy bien de acuerdo a lo planificado.

 

VIERNES 18 DE ABRIL:

 A las ocho y media de la mañana dejamos el CB.

Manolo y Ferrán  aprovechan la luz preciosa de esa hora para filmar en cine el trayecto que va desde el Base hasta el pie de la pared de nieve.

Entre pitos y flautas el trabajo de los cineastas termina a las diez de la mañana.

Me escapó del grupo y arranco en mi viaje hacia el Campo 1 con un sol inclemente encima mío y su reflejo, igual de cruel, que viene del glaciar.

Uno a uno voy alcanzando a los rezagados de las otras expediciones que salieron antes de nosotros. Les saludo, hago el comentario: very hot today ¿no? y les paso.  A las once y treinta y tres, al final de la primera rampa donde hemos parado a comer las últimas veces, alcanzo al grupo de catalanes y zaragozanos que han venido  por delante abriendo huella. Aprovecho la parada para darle un par de mordiscos al sánduche de tortilla de huevo que me he traído desde el CB, chupo tres sorbos de la bebida que traigo en mi Camel Bag para hacer pasar el fiambre y sigo por las mismas. Alcanzo a los catalanes, les pido permiso y paso adelante para ayudar en el trabajo. Ya al frente de la tropa sólo me queda disfrutar. Esto de abrir huella me encanta, me fascina, me llena de vitalidad porque es ahí cuando me siento obrero de la montaña, cuando mi presencia se justifica con las huellas que dejo para beneficio y ayuda de mis compañeros.

El clima se estropea, entra la ventisca, todo se vuelve blanco como la leche, no se pueden ver ni las huellas ni las banderolas de la última incursión. Avanzo a tientas guiado por el piloto automático y los comentarios de Nacho que viene detrás de mí. La dureza del vendaval se burla de mi pobre humanidad, los cristalitos de nieve se cuelan por un costado de mi chaqueta empapan mi cuello y mi nuca y huyen desaforados por el otro costado. Paro para ponerme los guantes gordos porque no siento los dedos meñiques de ambas manos. Nacho y el resto toman la delantera, yo voy detrás de ellos con la mirada fija en el hueco que han dejado las botas de mis colegas. Con dificultad miro el reloj, hago las cuentas y me animo: Ya mismo llegamos, aguanta nomás. En el siguiente ramalazo de aire y de nieve que me abofetea en la cara pienso en

cambio: Qué deporte más jodido este. Que bueno que a la Kamila (mi hija) le gusta capoeira y el Andy (mi hijo) es publicista. Sigo avanzando, agazapado y escondido en el pliegue más grande de la chaqueta para escaparme de las bofetadas y de repente…….Ayyyyyy que lindo, las carpas del Campo 1.

 

SABADO 19 DE ABRIL:

 Día lindísimo con dos colores: azul y blanco.

La cadena de los Dhaulagiris al frente nuestro. Picos impresionantes y bellos pero que al tener que alzar a ver a su principal supongo que escogerán modestamente quedarse con el segundo adjetivo.

La nieve fresca de la tormenta de ayer tapiza todo de un blanco uniforme, uno que otro pliegue queda apenas descubierto para darle un toque de sensualidad a esa inmensidad de nieve y de hielo. Bello el paisaje sin duda. Pero la jornada será bien dura: toda la huella por abrir hasta 6 600 metros.

La delantera del equipo somos Fernando, Nacho y yo con toda una enormidad de camino por recorrer. El trato es turnarnos cada quince minutos en el oficio de abrir huella.

 


Día lindísimo con dos colores: azul y blanco.
La cadena de los Dhaulagiris al frente nuestro.

 

MIS QUINCE

 Delante de mí un piso inmaculado, amplísimo, con una ladera de pendiente regular que luego va a dar a una arista delgadita que se empina abruptamente y parece el hilo de una cometa que echa a volar hasta cerca de la ci

 ma del Dhaulagiri. Me meto una almendra enconfitada a la boca, doy el primer paso, suena crash, se rompe la costra de nieve, me hundo hasta la rodilla y comienzo a bordar en esa pendiente mi nombre, mi apellido y mi sueño. Así voy en mis quince: avanzando, hundiéndome, pensando, avanzando nuevamente, hundiéndome otra vez. Se mezclan pasos y pensamientos que viene y van:

 Logro esta cima y la fiesta que me voy a dar

Que lindo que ya subí al Annapurna (que lo tengo a mis espaldas)

Dicen que es precioso el paseo por el río Bósforo

Tengo que llevar a mi sobrina Ana Paula a que conozca la nieve de las montañas

Que final más bonito en la carta que me entrego mí hijo Andy: Sayonara, maestro de maestros

 En esas ando cuando se acaban mis quince. Otro es el capitán yo paso a subalterno. Ya no jadeo ni me esfuerzo mucho pero sigo pensando:

Ojala el sitio del Campo 2 esté seguro

Que después no nieve tanto para que no se ponga peligroso

Ha de ser bello el momento cuando llegue a la cima

Que linda se ve mi ciudad desde donde voy a vivir cuando vuelva a mi pueblo

Que lindos se ven los Dhaulagiris desde donde estoy viviendo ahora

Que suerte la mía….aquí, ahora, yo en este lugar.

 Resoplando en medio de la nieve floja y compartiendo cada cuarto de hora la tarea de dejar la impronta para el resto del plantel pasan las horas, suben los metros del altímetro y disminuye la cantidad de oxígeno. La una de la tarde a 6 500 metros.

Nos encaramamos en la arista, la que parece como hilo de cometa, y el viento nos sacude pero sin perdernos el respeto (se agradece la deferencia). Ladeo mi cabeza hacia la derecha para mirar la pendiente que huye bajo mis botas y con un poco de humor negro pienso: Si aquí me pego un resbalón….madre mía, se jode todito. Ni cima, ni fiesta, ni juerga, ni nada. Pateo duro con las botas, sigo subiendo pensando en la cima y en la fiesta claro.

A 6 600 metros dos carpas abandonadas de una expedición japonesa del año anterior. Hay de todo: bolsas de dormir, ternos de plumas, cocinetas, tanques de gas, colchones aislantes. Se nota que salieron al apuro. Me planto allí y uno a uno van llegando el resto de mis colegas, celebramos la jornada con abrazos y palmadas, pero no hay para más porque el viento nos pierde el respeto (tan bien que nos estábamos llevando) y lo que es peor, ahora viene con compañía: nevada. Atamos las cargas que hemos traído a los restos abandonados por los nipones y nos volamos de vuelta al Campo 1. Ajenos a la ventisca dos de nuestros sherpas se quedan escarbando entre las ruinas de las tiendas a ver si pillan algo.

En cuarenta y tres minutos estamos de vuelta en el Campo 1, los pelos, las cejas y las pestañas escarchadas con nieve. Ahora descanso y mañana de vuelta al Campo 2 para pasar una noche. Pero esa será mañana, ahora sopita, música y a descansar.

 


Bello el paisaje sin duda. Pero la jornada será bien dura:
toda la huella por abrir hasta 6 600 metros.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

El proyecto DESAFÍO 14   en el 2008 es posible gracias a los auspicios de: Diners Club; MoviStar; Marathon Sports; Yanbal; EMAAP

Con la colaboración de:
DHL; Maquinet Services; Seguros Alamo, Tatoo, Salud y Graphus

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