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La vertiente norte del Annapurna por donde se realizo la primera ascensión en 1950. Fotografía tomada desde el Dhaulagiri a 6 600 m.
Foto: Iván Vallejo R.
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El Machapuchare (Cola de pez): 7 000 m de altitud perfectamente esculpidos en piedra
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Hemos llegado al pie del Annapurna. En la parte más alta aparece la arista de la cima
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Fijando cuerda en el espolón de roca de camino al Campo 1.
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Ferrán Latorre enseñándome mi primera clase de golf al pie del Annapurna a 4 250 m
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Cruzando el glaciar de camino al Campo 2, detrás de mí Edurne P.

La inmensa pared del Annapurna vista desde nuestro Campo 1.
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El Annapurna desde el sitio de nuestro Campo 1 a 5 080 m.
¡Qué montaña tan inmensa!
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Al pie de la pared oeste del Annapurna.
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Nuestro Campo Base el lunes por la mañana
con la nieve fresca caída el día anterior.
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A través de la ventana
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De camino al C2 llevando a cuestas nuestra casa ambulante.
Al fondo, uno de los múltiples glaciares
que se van rompiendo durante el día.
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Lo que tenemos que resolver.
Ese enorme bloque de hielo justo por encima del número 6 150
es lo que nos preocupa durante la ascensión.
Ya se imaginarán por qué.
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Tanteando el terreno antes de comenzar a escalar.
Justo encima de mi cabeza, mil metros más arriba, el enorme serác de hielo.
Asier me asegura. Fercho observa. Edurne toma la foto.
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Supongo que desde abajo me verán como un gato montés, atisbando, husmeando, trepando.
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Con una mochila enorme y pesada subiendo de a
poquito por donde antes ya habíamos estado.
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Nuevamente el placer de subir, de atrevidamente ganarle
unos metros a la gravedad, ya no me peleo con la nieve floja.
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Los 3 de la cima
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La cara oeste del Annapurna desde nuestro Campo Base con las nubes,
los vientos, el sol y la humedad con los cuales Vitor Baía es una especie de Merlín.
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En el memorial, al pie del Annapurna,
con la placa que dejé como recuerdo del cariño de sus amigos.
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Preocupado con esa especie de Perito Moreno encima de nuestras cabezas…
es que no había donde más colocar las tiendas. Sergey se dirije al pie del enorme serác.
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Compruebo lo exigente y duro que ha sido
cada centímetro ganado al vacío en este castillo de hielo.
Subo por encima del extraplomo; abajo,
una de nuestras tiendas del Campo 3.
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Sergey entrando al paso clave del serác.
Fernando asegura y nosotros al pie apoyando y esperando el turno.
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Así como el pintor… nosotros le damos más vida a este mundo
impecablemente blanco con la huella de nuestros pasos y la impronta de nuestra voluntad.
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Así aparecía el Dhaulagiri (8 167 m),
vecino del Annapurna, cuando subíamos de camino al C4.
Esta montaña es último ochomil de mi proyecto DESAFÍO 14.
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Tres tristes tigres buscan espacio,
no en un trigal, sino en un chiquero pequeñito
por encima de siete mil metros.
(Metidos en nuestra tienda del C4 a 7 250 m,
el 23 de mayo, unas horas antes del ataque a la cima).
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Que parto más precioso del horizonte, haber dado a luz esos hijos tan bonitos.
(Amanecer desde 7 400 m, a la izquierda comienza a iluminarse la pirámide del Dhaulagiri.)
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Ser parte de esta raza que a pesar de la insuficiencia tiene la fuerza,
el ánimo y la voluntad para poner de pie unas columnas,
echas paso a paso, labradas una por una.
(A 7 600 m subiendo lentamente en dirección al pie del corredor.)
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A las tres y veinte de la tarde, por fin,
a cinco metros de la cima del Annapurna.
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Al día siguiente, de vuelta en el CB después de la cima:
Iván, Andrew y Fernando.
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