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DE NUEVO EN MARCHA
Cerca del Himalaya, sobre 8 mil metros de altitud.
Lunes 13 de Junio de 2 005
Cuando mi colega y amigo Jefferson Pérez (campeón olímpico de marcha) se va a una competencia, todo el tiempo que ha empleado en los entrenamientos y en la preparación, que ha pasado por lo físico, mental y psicológico, espera verlo recompensado en el par de horas que transcurren hasta llegar a la meta y alcanzar la medalla. Igual cosa para Nicolás y Geovanny Lappenti (tenistas profesionales ecuatorianos), para ellos, los dos, los tres o los sets que correspondan, son su espacio de lucha, de esfuerzo y de entrega en la espera de lograr con el último raquetazo la victoria con que soñaron.
En mi caso, que me entreno en el parque Metropolitano, en el estadio Olímpico, en el valle de Limpiopungo o en el volcán Cotopaxi, preparándome para mi especial manera de competir, lo hago con la esperanza de que todo el tiempo que invertiré después ya en la montaña buscando la vía, subiendo, bajando, colocando los campamentos, aclimatándome, esperando cuando hay que esperar y arremetiendo de nuevo cuando llega el momento de hacerlo, me sirva para pisar en algún momento el punto más alto de la montaña. Y ya allí seguramente llorar, sacar la bandera de mi pueblo, registrar el instante en una foto y bajar, para DIOS mediante, llegar con vida al Campamento Base.
Precisamente pensando en ese momento, en dos cumbres de las más altas del Himalaya, El Dhaulagiri y el Annapurna, me preparé todo este tiempo. El 13 de abril junto con otros cinco compañeros llegamos al pie del Dhaulagiri a 4 800 m de altitud para establecer nuestro campamento base. ¡Que inmensos son los ocho miles del Himalaya!, no me alcanzaba la vista para tocar con la mirada, por lo menos, la cima de la montaña.
A partir de allí había que llevar a cabo todo el proceso de aclimatación y colocación de campamentos de altura, subiendo y bajando las veces que fuesen necesarias hasta que todo quedara listo en espera del momento final.
Todo esto lo cumplimos al pie de la letra, teníamos colocados los tres campamentos, la sangre llena de glóbulos rojos y un montón de entusiasmo para llegar a la cumbre.

Con Ibrahim, el joven peluquero que me corto el cabello esta tarde (13 de junio) en Islamabad.
Ustedes ya saben el resto, que detalladamente les fui contando desde el CB del Dhaulagiri: La cima falsa de los coreanos y nuestra consecuente equivocación, los dos intentos a la cumbre de los que bajamos temerosos por las condiciones tan peligrosas de la nieve, y finalmente la triste noticia de la muerte de Christian Kunter en el Annapurna, golpeado por una avalancha y otros tres heridos, cuando precisamente pensábamos en alguna opción para esa montaña.
Estaba claro, o más bien clarísimo, que para nosotros se acababan las dos montañas, no nos quedaba si no empacar y volver a casa. Aquél momento, en el cuál de alguna manera había soñado, en la cima, feliz y agradecido con la vida, no pudo ser esta vez.
No les voy a negar que cuesta mucho y que duele tomar la decisión de abandonar la cima de una montaña del Himalaya. Porque no es solamente dejar atrás la cima; detrás están muchas situaciones: La ilusión y el concepto de hacerlo, al inicio; luego, los meses de preparación y entrenamiento, con el rigor y la disciplina que eso significa; después preparar la expedición: la comida, el equipo, enviar el cargo, etc. Y entonces volar a Europa, luego a Nepal, ya allí más logística: mochilas, bidones, aduana, más comida, porteadores, diez días de marcha de aproximación a la montaña; por fin llegar al CB y a partir de allí iniciar la aclimatación y la ascensión a la montaña. Pero esto es lo material. También cuenta, y mucho, el tiempo que significa estar lejos de mi familia, ser papá de mis hijos solamente por teléfono durante todo ese tiempo. En fin, todo esto está detrás cuando se renuncia a una cima, pero hay que saber hacerlo y posiblemente lo que más se necesita es HUMILDAD Y PACIENCIA (porque volveré al Dhaulagiri, no lo duden).
El año prometía ser estupendo, dos ocho miles en dos meses y se engordaba la lista. Pero eso era en el papel, la realidad fue muy diferente; por eso siempre es bueno recordarme que jamás he de gastarme el dinero antes de habérmelo ganado. De mi depende la planificación, el entrenamiento, la preparación, el entusiasmo, las ganas y la experiencia. Eso no me ha faltado, he puesto todo de mi parte, pero a las condiciones y a la montaña yo las RESPETO mucho, pues la naturaleza es muy grande, es poderosa y yo insignificante mortal con apenas diez ocho miles, pero que ama la vida y la idea de seguir escalando montañas.
Cuando termino de escribir esta nota estoy muy por encima de 8 mil metros de altitud, son las 6 y 35 de la mañana, afuera hace –43 grados centígrados y desde luego estoy sin oxígeno suplementario como es mi principio, pero sentado muy cómodo en el asiento 45 D de la Pakistan International Airlines. En menos de una hora llegaré a Islamabad, la capital de Pakistán, desde donde emprenderé un nuevo reto, DIOS mediante, por mi DESAFIO 14: alcanzar la cima del Nanga Parbat de 8 125 m en la Cordillera del Karakorum.
Desde tan alto, tan cómodo y abrigadito, les envío un gran abrazo.
Con mi afecto.
Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO
EMail: desafio14@ivanvallejo.com
Website: http://www.ivanvallejo.com
El proyecto DESAFÍO 14 en el 2005 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports; Ideal Alambrec; Tesalia Sport y Merck Sharp and Dhome
Con la colaboración de:
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