Desafio 14






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SUBIENDO AL CAMPO 3

Yo le gano al despertador, me despierto siete minutos antes de las cinco de la mañana. Hassan a mi lado dormita con su larga humanidad envuelta en el saco de plumas. En los siete minutos que me quedan pienso en Karma, en los ojos bonitos que tiene y en el último baile que nos echamos pegaditos al  ritmo del remix de Joe Arroyo: “…otra, otra noche otra...” Después de la farra buscamos un largo rato, de calle en calle, un lugar en donde tomar un café con leche hasta que por fin lo hallamos, entre sorbo y sorbo mientras remojábamos cada quien la madalena seguíamos tarareando: “…otra, otra noche otra”. Antes de quedarnos dormidos, nos leímos poemas de Bendetti y de Belli.

Suena el despertador; yo ya no estoy con Karma, que comienza con K, sino en el Karakorum que también comienza con K, pero a 6000 m de altitud en el C2 del Nanga Parbat.
Que bonitos ojos, que bonito que baila, que linda sonrisa que tiene.

Boto a un lado el saco de plumas y voy por la cocineta, la enciendo, coloco la olla de aluminio y arrojo adentro cuatro trozos de hielo para que se fundan y preparar así el desayuno. A Hassan le duele un poquito la cabeza como parte de la factura de la aclimatación, yo gracias a DIOS, como el pavo antes de Pascua.
Mi compañero desayuna té con leche y chapatis que se ha traído desde el Campo Base, yo en cambio, té verde con biscochos de anís. Al abrir la cremallera de la tienda me encuentro con el valle del Diamir alargado y precioso; allí en medio, una serpiente oscura de hielo reptando hacia abajo y en su descenso lamiendo procazmente las laderas grises de la montaña y uno que otro espacio verde que alegran ese mar de piedras y vidrio. Por encima, en cambio, una hilera plateada, una sierra afilada cuyo brillo llega hasta mi balcón precario. Luego, ese otro mar de montañas grandes y extensas, rompiendo desde abajo, con fuerza, el valle del Baltoro; por ahí a de andar el gran K2, y también el Broad Peak, los Gasherbrum, el Chogolisa.


Subiendo por la placa de hielo a 6 400 m camino al Campo 3. Al fondo el glaciar y el Valle del Diamir.

PIRUETAS CERCA DEL BALCON

El sitio del C2 en esta vía Kinshofer del Nanga Parbat es un lugar reducido y escaso, por lo cual las tiendas se encuentran precariamente colgando de una fina arista que va a dar a sendos precipicios de lado y lado. Estos lugares llevan, como es lógico, al hacinamiento: todas las carpas juntas, a veces unas sobre otras, sin espacio para transitar entre ellas, y claro, cero privacidad. Pero eso es lo de menos, el principal problema es que al haber tan poco espacio, la escasa área de vivienda a veces se mezcla con la inmundicia, pues el lugar que se asigna al baño suele estar sino junto, muy cerca de las tiendas con los problemas obvios. Pero no me quejo ni mucho menos, es lo que hay, es lo que se tiene en estas condiciones y de tanto ejercicio practicado he aprendido a convivir, y muy bien, con las limitaciones, la sencillez y la falta de comodidad.

Como para reconfirmar el discurso, mi estómago tan puntual, inmediatamente después de haber desayunado disfrutando de la vista del Valle del Diamir, me recuerda la necesidad de ir al baño. Me la pienso, no dos sino diez veces, pues el lugar asignado está a 30 metros más abajo de mi tienda y para llegar allí debería calzarme los crampones, ponerme el arnés y atarme a la cuerda de seguridad. Tanto trámite y yo con tanto apuro. Como única opción me queda pensar en la ladera opuesta a mi tienda, con el pequeño detalle de que tiene 60 grados de inclinación, esta tapizada de nieve dura y si por algún azar de la vida resbalo, me espera un tobogán de 1 200 m . Así, cualquiera se concentra, ¿no?

Mientras me coloco los crampones, mis tripas ladran de desesperación y yo les hablo: Tranquilas, tranquilas, ya vamos.

Llego a la ladera y momentáneamente siento vértigo al ver tremendo hueco que me podría tragar en un segundo. De pie mirando al precipicio me pregunto cómo lo voy a hacer, si con la mano derecha estoy apoyado al piolet y con la izquierda me estoy sosteniendo a la cuerda de seguridad. Me planto duro, abandono el piolet y con una sola mano, haciendo maromas, me bajo los pantalones.

Haciendo lo que debo hacer, por un momento me río de mi mismo al verme en semejantes cabriolas y en que condiciones para algo tan simple, tan sencillo y de todos los días.

Por ningún concepto soy dado a tocar temas escatológicos, ni mucho menos, pero por hoy me parece válido compartir con ustedes las eventuales incomodidades que debemos pasar, cuando tenemos por vivienda temporal una pajarera colocada a 6 000 m de altitud.

A las 7 y 10 dejamos el campamento, el trayecto desde el C2 hacia arriba es entretenido: Pasajes continuos de roca y de nieve; luego, una arista cuyo filo rompe en dos la luz de las 7 y media, para desparramarse a chorros por ambos lados.

Subimos despacio debido a la tarea de arreglar seguros, fijar cuerdas, y rescatar otras del año anterior, que bien nos sirven ahora. Nos toca luego una placa de hielo de 150 m lo suficientemente empinada para reventarnos las pantorrillas por el esfuerzo de subir clavando apenas las dos puntas frontales de los crampones. Pero este oficio es así, de aguante y de paciencia. Terminamos ese largo tramo que va a dar a un espacio llano del todo, donde podemos sentarnos después de 6 horas. Desde luego fotos, filmación, cantimploras y descanso a 6 500 m .

Pero el C3 está todavía a 6 800 m . Después de media hora de recreo arrancamos nuevamente, el sol nos aprieta hasta el tuétano. Despojándome de lo que puedo, me quedo solamente en camiseta y antes de que me ganen, me pongo a la cabeza para disfrutar el placer de abrir huella. Allá voy, hundiéndome en la nieve aguada, respirando, nadando a ratos y escalando en otros. Hassan no aguanta y me dice que se regresa, le pido su parte de la tienda con lo cual la completo y sigo hacia arriba. Luego Nacho y Martín también se vuelven, solamente quedamos Ricardo y yo. Siento el regalo de estar aclimatado después del Dhaulagiri. Mi corazón de película, mis pulmones como un relojito, y yo mismo feliz, en mi salsa.

A las 3 y cuarto llegamos al sitio del C3, buscamos una plataforma y dejamos atadas a la roca los paquetes de las dos tiendas que hemos traído. Con un ademán Ricardo me entiende que quiero celebrar esta linda jornada con un apretón de manos. Tomamos unos sorbos de Isostar y bajamos al C2. Mañana al medio día, cuando llegue al Base, almorzaré lentejas y estofado de cabra.

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

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El proyecto DESAFÍO 14   en el 2005 es posible gracias a los auspicios de: OCP–Ecuador; Diners Club; MoviStar; Marathon Sports; Ideal Alambrec; Tesalia Sport y Merck Sharp and Dhome

Con la colaboración de:
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