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SURFEANDO EN EL HIMALAYA

 

 

Campamento Base del Shisha Pangma. Tíbet

 Domingo 23 de Septiembre de 2007

 Reciban un afectuoso saludo desde nuestro CB.  

Les escribo para informarles el desarrollo de nuestra expedición.

 El pasado viernes 21 hicimos nuestra primera incursión hacia lo que será el Campamento 1. Inicialmente la habíamos planeado para el día anterior jueves 20, pero desafortunadamente nuestra compañera Edurne no se encontraba dispuesta para esa jornada, por ello, de común acuerdo y muy a gusto nos quedamos todos en el Base como un gesto de solidaridad con nuestra jefa de expedición.

 El viernes a las siete y veinte de la mañana dejamos nuestro Campo Base.

 La primera parte del trayecto discurre a la orilla de lo que podría describirse como una inmensa marejada de hielo que se ha quedado, aparentemente, inmovilizada en el tiempo. Algunas de las crestas son puntiagudas, otras son romas; unas se elevan soberbias, otras descienden rendidas para lamer un poquito del agua que corre a sus pies.

Este trayecto nos toma un par de horas hasta llegar al sitio denominado Depósito, pues allí se dejan  a buen recaudo las botas grandes, los crampones, el piolet y los bastones de esquiar que nos servirán para el siguiente tramo. Mientras me calzo las botas y preparo los crampones llegan unos chicos de Maule, vasco-franceses, que de inmediato conversan con Edurne y Asier, se oye gracioso escucharlos: una lengua dura como el euskera hablada en acento galo, el de Pepe Lepú.

 


Subimos por la orilla de una inmensa marejada de hielo que se ha quedado, aparentemente, inmovilizada en el tiempo.
Al fondo a la izquierda en la parte superior la cima del Shisha. (Foto I. Vallejo)

  

Nos metemos en el glaciar y el primer compromiso es precisamente surfear en ese campo estático de olas de hielo. Arriba y abajo; asciende y desciende; primero la cresta y luego  la sima, o primero la sima y luego la cresta; da lo mismo, lo que cuenta es que se sube y se baja. El agua que se escurre entre estas crestas inmóviles baja cantando y pone su propia  música en el silencio de este escenario. Algunas de estas olas tienen entre ocho y diez metros de altura, mi tabla de surf son los hierros de mis crampones, con ellos me adhiero a la superficie blanca, hago cabriolas y doy giros. De vez en cuando la ola se alza empinada y abrupta, y muy a mi pesar debo herirla con la punta del piolet, pero doy el golpe justo para que no salten más astillas de las necesarias, para que mi golpe no haga daño a la estética de este mar congelado.

Se apaga la furia, las olas se amansan  y ahora nos queda solamente una larga y empinada ladera de nieve.

 
Nos metemos en el glaciar y el primer compromiso es precisamente surfear en ese campo estático de olas de hielo. (Foto M. Benito)

 

Los cuatro montañistas y Manolo subimos por esa ladera en la que hace un calor infernal, treinta y cuatro grados centígrados marca el termómetro. Y yo que había planeado tomármelo tranquilito las primeras semanas de septiembre en mi pre-temporada de entrenamiento de cara al Dhaulagiri y heme aquí, en este calor, con mochila a las espaldas a cerca de seis mil metros y con el corazoncito a ciento sesenta pulsaciones. Vaya manera de iniciar la pre-temporada. Pero en todo caso se agradece la generosidad de la vida, de ponerme en un chasquido de dedos nuevamente en el Himalaya, al pie de una de las montañas más altas del mundo y ojalá, en unas semanas, en su cima.

Yo feliz, o más bien, muy feliz.

 A las doce y media llegó al sitio del Campo 1  una ladera con poquísima inclinación que será un muy buen lugar para plantar nuestra tiendas, hay unas quince ya en el sitio. Llegan mis compañeros uno a uno y vamos celebrando la jornada. El GPS marca 6 345 m de altitud, un poquito más alto que la cima más alta de mi pueblo, el Chimborazo (6 310 m). Los abrazos los mezclamos con rodajas de naranja y sorbos de limonada.

De regreso bajamos esquiando  por la ladera que a esta hora tiene una nieve maravillosa, en veinte minutos se resuelven las casi tres horas de subida. Volvemos a surfear por las olas de hielo, nos cambiamos de botas y caminamos de vuelta  por la orilla del mar congelado. Me pongo el MP3 y bajo despacio dejando que el sol de las cuatro de la tarde me bañe la espalda, los hombros y mi mochila. Escucho entonces en ritmo de vallenato suavito Te mando flores y me río yo solito preguntándome ¿pero cómo le mando si está tan lejos?

 

 LO QUE VIENE:

Para continuar con el proceso de aclimatación el siguiente paso será subir a dormir dos noches en el Campo 1 a 6 345 m y una noche en el Campo 2 a 6 800 m aproximadamente. Saldremos el lunes o martes dependiendo de las condiciones del clima.

 

Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO

 

 

 

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