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UN DIA DE LECTURA MIENTRAS CAE LA NIEVE
A COMPLETAR EL PROCESO DE ACLIMATACIÓN
Campamento Base del Shisha Pangma
28 de septiembre de 2007
Queridos amigos(as) de Ecuador y del mundo.
Cuando ustedes reciban este correo, estaré ya en el Campamento 1 junto con mis compañeros de expedición. Gracias al parte que hemos recibido, que da bueno para estos días, hemos hecho planes para continuar con nuestro proceso de aclimatación.
El día viernes 28 dormiremos en el C1 que plantaremos a 6 400 m. Al día siguiente, sábado 29, transportaremos material hasta lo que será nuestro Campo 2 a cerca de 6 900 m y regresaremos a dormir nuevamente en el C1. El día domingo volveremos a subir al C2 para quedarnos a dormir allí. Como muy bien sé, mencionar la palabra dormir es simplemente un decir, en realidad será dar cientos de vueltas dentro de la bolsa de dormir y aguantar la mala noche. El día lunes, que será 1 de octubre, bajaremos directamente al CB para nuestro último descanso pensando en la cima del Shisha Pangma, Dios mediante, la próxima semana.
De acuerdo a lo expuesto estaré nuevamente con ustedes a través de las palabras y de las fotografías a partir del próximo día martes, hasta entonces les dejo, como les prometí, un par de crónicas que he escrito en referencia a esos días que tuvimos de tan mal clima y nos dedicamos por entero al bello oficio de la lectura. Espero que las disfruten. Momentáneamente me despido con un gran abrazo y el mejor deseo un chévere fin de semana.
Con mi gran afecto
Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO
1.- LA PALABRA EXQUISITA
Feliz de estar en la Isla de Malta paseando por los canales de Vittoriosa similares a los de la bella Venecia, sentado con mi ángel al lado admiro la destreza del gondolero. Con una mano hábilmente empuja la pértiga y con la otra descascara el papel aluminio de la botella de champaña que nos ofrece para brindar por esta luna de miel en la isla. Cuando está a un tris de despojar la tapa de la botella para que venga inminente la explosión y el derrame, me doy clara cuenta que debo hacer un gran esfuerzo por despertarme porque ya no aguanto las ganas de hacer pis. Salgo de mi capullo calientito, abandono la bolsa de dormir, abro el cierre de la tienda, tomo la botella de plástico, apunto bien bonito y con alivio orino a las cuatro de la mañana dentro de mi tienda a 5 635 m. La cuestión es que eso de vivir a casi 5 700 m al pie del Shisha Pangma (8 046 m) requiere, como parte del proceso de aclimatación, beber y beber mucho durante el día, desde que comienza, hasta bien entrada la noche; apenas abrir los ojos y zamparme los primeros tres cientos centímetros cúbicos con vitaminas, más tarde dos tazas de café con leche y para cerrar el desayuno, dos tazas de jugo soluble. El resto del día es un ejercicio continuo de beber y hacer pis. Por esta razón mi viaje a la Isla de Malta se vio inoportunamente interrumpido, mezclándose graciosamente las ganas de orinar con la botella de champaña a punto de abrirse en medio de los canales de Vittoriosa.
Ayer nevó todo el día, inmisericordemente diría yo, sin un segundo de tregua. En días como esos sólo queda leer, escuchar música o rayarse el coco. Yo me decanté por los dos primeros ejercicios, más saludables.
Recuperado del frustrado paseo en góndola me despierto a la nueve y diez de la mañana. Sigue nevando. Tomo el tiempo para desperezarme y acomodarme entre la temperatura de la bolsa de dormir y el interior de la tienda. Preparo el cóctel de vitaminas y decido que hoy no iré a desayunar porque me da frío, porque me da pereza salir, porque afuera el clima está para llorar. Estiro el brazo y recojo a la Mujer Justa de Marai.
Historia da amor contada a tres voces y como tal, con tres puntos de vista y tres sensibilidades diferentes: el esposo, la esposa y el amor secreto del primero.
El separahojas, que es el pase a bordo del vuelo Ámsterdam-Madrid en KLM, marca la página 195. No se me ocurre continuar enseguida con la novela y decido más bien hacer un repaso sobre las huellas que he dejado en el camino recorrido por el libro. En este punto debo confesarles que soy un subrayador compulsivo de palabras nuevas o de uso poco frecuente y de expresiones estupendamente escritas que en la posteridad, por justicia, deberán ser citadas para mayor lustre del lenguaje y honor del autor. Algunos de mis amigos(as) que respetan mi forma de leer creen que subrayar un libro es asestarle una herida. Yo también respeto su concepto, pero para mí ese ejercicio es como dejar una caricia o más bien, mi caricia, mi huella de gratitud en cada hoja.
Siento lo mismo cuando salgo a correr en cualquiera de las calles de una ciudad que acabo de conocer; en el asfalto se quedan impregnados los pasos de mi carrera, se funde en el concreto la sal y el agua de mi sudor. Allí dejo mis huellas pero no con un sentido de posesión que quiere decir: aquí estuve yo, aquí leí yo. No. Sino en el sentido de una huella que sirva para identificarnos como uno solo, las páginas y yo, las calles y yo. Igual que las caricias que se pueden dejar en la piel ajena, mis manos y mi boca recorren y muerden no para decir eres mía, sino para decir somos cómplices, somos tú y yo, somos uno solo, tú disfrutas, yo disfruto.
Vuelvo páginas atrás y encuentro unas perlas preciosas.
Cuando el esposo acepta que no es capaz de dejar de fumar y manifiesta: Pueda que no sea un héroe, pero tampoco soy un cobarde porque tengo el valor de vivir mis propias pasiones.
No subrayar esta perla sería desmerecerla, permitir que no brille como ella debe. Porque estarán de acuerdo en que hay que tener valor para vivir las pasiones. Yo mismo boté por la borda mi título y mi carrera de Ingeniero Químico para vivir esta pasión de escalar las montañas del mundo.
Regreso páginas y encuentro a la esposa que se confiesa ante un cura por su deseo vehemente de retener al marido que se le escapa de las manos, y este le replica: Usted quiere privar a un hombre de su alma. Eso es lo que siempre quieren hacer todos los enamorados. Y eso es pecado.
Que cura más brillante, ¿verdad?
Retomo la lectura y me sumerjo nuevamente en la historia, las pasiones, las dudas y las angustias. El esposo encuentra a su amor secreto arrodillado enfrente de la chimenea, la ve hermosa, a la vez intocable y sensual, y piensa: Pero la sensualidad, esa gran fuerza que renueva el mundo, el fenómeno sublime del que es esclavo todo ser vivo, arranca en el fondo de movimientos y poses bastante ridículos.
Las tripas me suenan, no he desayunado, solo he leído. A la hora precisa Santa nos llama a comer. Ha puesto en la mesa ensalada de tomates con cebollas y papas fritas con lomo a la pimienta, buenísimo.
Afuera sigue nevando, en la entrada de nuestra tienda comedor se ha formado un charco de agua y nieve a manera de rodapiés. No hay ni ánimo ni temperatura para la siesta porque todo está helado, seguimos con la lectura.
Edición Doris Arroba
Iván Vallejo Ricaurte
EXPEDICIONARIO
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