A las 10 y 30 de la mañana, a 7 010 m de altitud en la cumbre del Khan Tengri, nos juntamos los cinco para abrazarnos. De izquierda a derecha: Esteban Mena, Carla Pérez, Oswaldo Freire, Iván Vallejo, toma la fotografía Joshua Jarrín

EL KHANG TENGRI NO TE REGALA NADA

 

Me acuerdo claramente que la madrugada del martes 17 de agosto cuando nos disponíamos a subir desde el Campo 1 al Campo 3 para nuestro intento a la cima, que fue frustrado por semejante avalancha con el fatal desenlace que ustedes ya conocen, les dije a los chicos: ¨Tengo el presentimiento que este Khan Tengri no nos va a regalar absolutamente nada y va a apretar hasta el final¨

Aquél comentario lo hice sin apoyarme en ningún razonamiento lógico. Lo hice a partir de esa bellísima relación de amor y entendimiento que he tenido la posibilidad de ir desarrollándola a lo largo de estos 32 años de escalar montañas. Cualquiera de los chicos puede confirmar mi comentario y el tono de preocupación con que lo hice.

El asunto es que no me equivoque.

El Khan Tengri no nos regaló nada…..y nos apretó hasta el final.

El lunes 23 de agosto a las diez y media de la mañana después de nueve horas de escalada los cinco miembros que conformamos el equipo SOMOS ECUADOR nos abrazamos emocionados y felices en la cima del Khan Tengri a 7 010 m de altitud, recibiendo esta cima con inmensa gratitud y entendiendo que ella venía como la contraparte a nuestra dedicación, a nuestro entusiasmo, a nuestra insistencia, pero sobre todo como retribución al trabajo en equipo que habíamos desarrollado en el mes de bregar en esta montaña preciosa del Tien Shian.

Mi querido amigo Vítor Baía quien tuvo la gentileza de ayudarme con los pronósticos del clima los últimos tres años de mi proyecto de los 14 ocho miles, nuevamente ha sido parte del equipo con su compromiso, con su amistad, pero sobre todo con su maestría para leer los mapas satelitales y nosotros creer a pie juntillas sus sugerencias y hacer los planes en base a sus pronósticos, que para mi vienen a ser como los consejos del Gran Oráculo de la Montaña.

En mi libretita Moleskin celeste, traída expresamente para esta expedición, tome nota de los dos datos que más me interesaban:

Día 23. Puede ser día de cima. Soleado en la mañana y viento flojo.

Día 24. Atención. Mucha nieve y muy nuboso todo el día. 25 y 26 Más nieve y muy nuboso.

En este pronóstico había dos mensajes, uno bueno y uno malo (como siempre suele ser en estos casos). El bueno: El 23 sería un día perfecto para la cima. El malo: El 24, el día de la retirada, podría volverse muy complicado teniendo en cuenta que en el Cuello de Botella las avalanchas se precipitan todo el tiempo, aun con buenas condiciones de nieve. Si para el 24 Vítor aseguraba mucha nieve, la situación podría volverse dramática en el descenso. Pero no había más. El 23 tenía que ser el día de cima.

¿Y en cuanto al regreso?……suponía que rezar para salir bien librados.

Efectivamente el 23 fue un día estupendo con el regalo adicional de una luna llena preciosa que tuvo la gentileza de acompañarnos con su luz de azogue hasta las cinco de la mañana.

Agradecimientos a la luz de la luna.

El viento, que vino siempre desde el lado del Pico Pobeda, también tuvo la gentileza de molestarnos durante toda la ascensión, con lo cual las nueve horas de escalada estuvieron adornadas por unos constantes 17 grados bajo cero.

No hay agradecimientos para el viento, por obvias razones.

En lo particular los últimos dos cientos metros de la ladera contigua a la cima, se me hicieron eternos. Con mi estómago descompuesto, vomitando cada dos por tres y el viento colándose por todos los lados, una vez más me pregunté – ¿por qué el gusto a tanto sufrimiento?

Para esta ascensión en especial encontré la respuesta, parafraseando a uno de los Cuentos Peregrinos de G. García Márquez: Sólo vine a llamar por teléfono. Mi respuesta era: Sólo quiero llamarle por teléfono, desde la cima. También me animaban las siluetas de Oswaldo y Joshua, a contraluz, agitando sus brazos desde la cima.

A las 10 y 30 de la mañana, a 7 010 m de altitud en la cumbre del Khan Tengri, nos juntamos los cinco para abrazarnos, y como jamás me niego el bellísimo regalo de las lágrimas en la cumbre de una montaña, busque el abrigo de mis compañeros, de mis hermanos de montaña, para hacerles saber que estaba muy feliz de compartir con ellos ese momento, en ese lugar del planeta. Pude llamar por teléfono.

La vista desde la cumbre fue un regalazo espectacular. Todas las montañas del Tien Shian, con excepción de la tremenda mole del Pobeda, a nuestros pies, adornadas por esas lenguas glaciares que en su lentísimo movimiento se parecen a una serpiente gigantesca con escamas de piedras.

Estuvimos cerca de cuarenta y cinco minutos en la cima. Felices, sonriéndonos, tomándonos fotografías, posando para ellas y recordando cada quien, a quién, dedicaba esta cima.

Por encima del Pobeda aparecían unas nubes como el elemento perfecto para mejorar la composición de mis fotografías, le daban un toque más dramático porque eran largas y desgarradas. Tomé varias fotografías y cuando las comprobé en la pantalla, se me ocurrió pensar que esas nubes, que en ese momento eran un apoyo a la estética, después podrían ser un problema para nuestra retirada. Sin más, guardé la cámara, me acomodé la chaqueta, me junté a los chicos y empecé el descenso.

A las tres de la tarde llegamos de vuelta al Campo 3. Teníamos sed, mucha sed y todos estábamos cansados por la jornada que ya iba en casi 14 horas de trabajo. Mientras tomaba a sorbos largos el agua fría con sabor de tamarindo volví a reparar en las nubes, ahora habían cubierto todo el frente del Pobeda y casi que llegaban a lamer las laderas del Chapayev, la montaña adjunta al Khan Tengri. Como queriéndome engañar a mi mismo me repetía en mi fuero interno que no había de que preocuparse porque de acuerdo al reporte de Vítor la gran nevada comenzaba el 24.

Antes de meternos cada uno a nuestras tiendas fijamos como hora de despertada las doce de la noche, de manera que, máximo, a las una y media de la mañana estaríamos iniciando el descenso hacia al Campo 1. Teníamos clarísimo que el paso por el Cuello de Botella debería estar resuelto a las cuatro y media de la mañana, a más tardar a las cinco. Ese mismo día, mientras íbamos de camino a la cima, vimos como se desparramó una avalancha gigantesca desde el flanco del Chapayev a las 6 y 43 de la mañana. –El cuello de Botella no te perdona una- pensé para mis adentros.

Metido en la carpa con Joshua, tomé más agua, solo agua pura quería, porque estaba hastiado de todos los sabores, todos me venían mal. Además durante casi toda la ascensión había vomitado, porque mi estómago estuvo en su peor día, y sabía que tenía que hidratarme si más tarde tenía que apretar el acelerador. Joshua se quedó dormido casi enseguida, yo solamente miraba al techo de la tienda, había que algo que no me permitía, todavía, disfrutar de la cima.

En el silencio que estábamos fue evidente el sonido suave de los copos de nieve cayendo en la tela de la tienda. Miré el reloj, eran apenas las seis de la tarde. Sin más, incluso sabiendo que era una falta de respeto al descanso de Joshua y de mis amigos, grité a voz en cuello –Panas, nos jodimos, empezó a nevar- Joshua salió al paso con buen humor para responderme –No te preocupes todavía no es 24 de agosto….jeje.

Tenía dos grandes preocupaciones.

La primera. Que entre el Campo 3 y el Campo 2 había un paso por un amplio rellano de nieve donde, en caso de nevada, iba a ser muy complicado encontrar el camino de descenso correcto. De hecho cuando pasamos por allí la primera vez de subida, pensé en la hipótesis de mal clima y puse un poco más de atención a un par de banderolas que servían para marcar medianamente el camino.

La segunda. De lograr encontrar el camino correcto hacia el Campo 2, la otra angustia era salir bien librado del Cuello de Botella.

En silencio en mi carpa, calladito, pensando, mirando al techo, cerrando los ojos, rezando, recordando a Karma, intentando dormir, mintiéndome a mí mismo que me he quedado dormido. –A la mierda tanta mentira. Si estoy angustiado. Si estoy con miedo. Son las ocho de la noche y la carpa está completamente cubierta de nieve. Se jodió la situación, tenemos que largarnos cuanto antes de aquí.

Volví a mirar el reloj, eran las diez de la noche, seguía nevando, decir abundantemente sería un eufemismo, nevaba a lo bestia. Si, así era como nevaba, a lo bestia.

Por fin las doce de la noche. Sonó la alarma, en un segundo estuve sentado dejando a un lado el calorcito de mi bolsa de dormir y sin más dije –Josh tenemos que largarnos de aquí ahora.

Desde la otra tienda Oswaldo me preguntó –Vallejito. ¿Dormiste algo? –Qué va. Si estoy angustiado con semejante nevada. Le respondí. –Yo tampoco. Asintió Oswaldo.

A las doce y media estuvimos afuera de las tiendas alistando unas mochilas enormes para bajar desde el Campo 3: carpas, bolsas de dormir, trajes de pluma, colchones aislantes, reverberos, vajilla, ropa adicional, comida y basura. Como en un acto de condescendencia con los aventureros, el Khan Tengri nos regaló una media hora de receso en la nevada para preparar las mochilas tiempo después del cual volvió a arremeter con fuerza el viento y la nevada. Antes de arrancar con el descenso nos tomamos las manos para orar y me acuerdo claramente que entre otras cosas dije –Ya te hemos molestado demasiado, pero te queremos un pedir un último favor. Llévanos con bien hasta el Campo 1. A la una y media de la mañana nos adentremos en la oscuridad de la noche apoyados en la luz de las linternas, para una lucha desigual contra el viento y la nevada.

Iván Vallejo Ricaurte

EXPEDICIONARIO

El proyecto SOMOS ECUADOR, EN LAS MONTAÑAS DEL MUNDO es posible gracias al auspicio de:
MOVISTAR, DINERS CLUB, MARATHON SPORTS, PRONACA, SUPERMAXI, YANBAL Y DHL.

Y gracias a la colaboración de: SALUS S.A SEGUROS ALAMO, TATOO, ANDRES VALLEJO, CHRISTIAN ULLOA , IMPRENTA NOCION.

 

 

 

Auspiciantes:

Con la colaboración de: