Los escaladores en Suesca

DISFRUTANDO DE UN QUESITO GRUYERE

 

Suesca, 4 de febrero de 2011

Queridos amigos del Ecuador y del mundo

El día de ayer jueves 3 de febrero hemos disfrutado intensamente de este paraíso de la escalada, Las Rocas de Suesca, como se le conoce a este parque natural ubicado a 60 km al norte de Bogotá. Este conjunto rocoso que tiene una longitud aproximada de cuatro kilómetros, se encuentre al pie del valle de Suesca y a escasos metros del recorrido sinuoso del río Bogotá.

Podría sonar a lugar común la palabra “paraíso”, y si así fuera, en este caso sería disculpado, porque efectivamente lo es por las razones que a continuación expongo.

El entorno en el que se halla. Todas sus tapias dominando el verde de las fincas y la vida que discurre a su alrededor.

La facilidad de acceso. Apenas a treinta minutos a pie, desde la plaza principal.

La calidad de la roca, lo más importante para nosotros. Las murallas de Suesca son de arenisca de excelente calidad con la particularidad de que en varios pasajes se pueden encontrar franjas rocosas cuya piel es similar a la de un queso gruyere, es decir con agujeros aquí y allá, que resultan ser una bendición cuando después de un pasaje de escalada en roca lisa, con la exigencia que eso representa, uno se encuentra con los orificios de los “quesitos” para respirar aliviado, pues los agarres para pies y manos son más evidentes y eso brinda mayor seguridad.

Acompañados de Rafael un muchachito paisa de diecinueve años que abandonó su Medellín natal para estar cerca de las rocas de Suesca y así poder darle forma al sueño de su vida: formarse como escalador y ser guía de montaña, integramos dos cordadas para la escalada. Carla y Topo en la una, Rafael y este servidor en la otra. Rafael es un jovencito con cara de niño con sus chispeantes ojos que no ocultan ni un ápice la felicidad que siente por estar viviendo cerca de un año y medio en este parque de rocas donde, como un niño que disfruta con su juguete más preciado, el lo hace acariciando la rugosa piel de las rocas de Suesca, jugando a llegar a lo más alto de cada recorrido y de cada pared. El es uno de tres hermanos, el mayor, que por esa Ley del Sincronismo tuvo la suerte de conocer a José Luis “El Flaco”, gran escalador de Suesca de las primeras generaciones, quien tiene dos oficios: Ser fabricante de zapatos de escalada y Ser feliz, en la medida de lo posible, todos los días de la vida. Buena dupla han hecho este par, El Flaco en su modo zen, fumándose unos porros a media mañana para inspirarse mirando al valle y las rocas de Suesca, que las tiene en sus narices, y así imaginarse los nuevos modelos de zapato escalada. Y por otro lado el Rafa que con su entusiasmo y dedicación cuida la tienda y asiste a su mecenas.

El día de ayer escalamos tres vías, La Diagonal, La Paralela y El Vuelo de la Abeja.

 

Esto de los nombres en los lugares de escalada es un capítulo aparte en este oficio. Quien o quienes hayan sido los primeros conquistadores de la ruta en cuestión tienen plena potestad para la elección del nombre y el correspondiente bautizo. He sabido de nombres de lo más curiosos y lo mas sui géneris, como por ejemplo: Nos vemos en el paraíso, Orgullo gay, Ojo crítico, Todas son unas brujas. O nombres con más recato como: Eternal Flame, Electroquímica, Electroshock o Fiebre de Sábado por la noche.

Con este antecedente las tres vías que hemos escalado ayer no ofrecen mayor sorpresa y quizás no mayor creatividad, pues la Diagonal y la Paralela, son eso, un ascenso en diagonal y otro en paralelo a una fisura de gran tamaño. La del Vuelo de la abeja, nombre con mayor encanto, lo entendimos muy bien cuando el Topito en sus tres dedicados intentos por superar un techo a veinte metros del suelo, voló tres veces por la dificultad del pasaje, claro está que el vuelo, del Topito no de la abeja, fue de un par de metros nada más, gracias a los seguros que el mismo había colocado antes.

 

Las tres vías fueron un goce completo en medio un escenario magnífico, con un sol precioso y el vacío a nuestros pies permitiéndonos ver el verde fresco del valle de Suesca.

Terminamos de escalar a las siete de la noche entendiendo muy bien que a los mosquitos de Suesca les vale madre el repelente hecho en Ecuador. Cosa que me costó entender, por qué en este mundo globalizado los mosquitos de Colombia y Ecuador, no se adaptan a ese ejercicio, se anulan de común acuerdo y nos dejan de joder de una buena vez; y si no que nos pregunten a la Carlita y a mí, que a pretexto de nuestra sangre dulce hoy mostramos las huellas del sutil vampirismo de los otros habitantes del Valle de Suesca.

En unos minutos más salimos para escalar otras rutas en esas bellas paredes. El día de mañana sábado salimos ya para la Sierra del Cocuy, a partir de entonces no volveré a comunicarme hasta la próxima semana, cuando pueda contarles, Dios mediante, acerca de las montañas que hemos escalado en esa región.

 

Les dejo unas fotos para recrear esta crónica y un cálido abrazo con gran afecto.

 

Topito en "El Vuelo de La Abeja"

 

Al final del primer largo escalando La Diagonal. Rafa e Iván en la estación, Carla y Topo iniciando el segundo largo.

 

Iván Vallejo Ricaurte

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