El Pan de azúcar (izquierda) y el Púlpito del diablo (derecha) vistos desde el Campamento de la Laguna Grande, al pie del Cóncavo.

ESCALANDO EN LA SIERRA DEL COCUY

 

Quito, 18 de febrero de 2011

Queridos amigos del Ecuador y del mundo.

El pasado día miércoles 16 he regresado de Colombia después de haber disfrutado de una estupenda temporada en la Sierra del Cocuy, en compañía de mis queridos amigos Carla Pérez y Esteban Mena. Han sido dos semanas de gozar de la roca y de la montaña.

Los primeros días nos dedicamos a las rocas de Suesca (ver crónica), a disfrutar de ese paraíso natural donde el placer de escalar está dado por la calidad de la roca y el entorno natural en el que tiene lugar la escalada.

Luego nos trasladamos a la Sierra del Cocuy en compañía de mi querido amigo colombiano Fernando González Rubio quien las hizo de anfitrión y guía.

Fuimos primero al lado norte de la Sierra, sector donde se encuentran los Ritacubas. Colocamos una especie de campamento base al filo del glaciar el 7 de febrero a 4000 metros de altitud. Al día siguiente, martes 8, salimos del campamento a las ocho y media de la mañana, en dirección a la arista que une el Ritacuba Blanco y el Central. La vía que escogimos fue precisamente a lo largo de esa arista que se constituyó en un recorrido muy entretenido y alpino, con crestas que ofrecieron continuos ascensos y descensos, teniendo como escenario un precipicio enorme al lado oriental de la montaña.

 

Cerca de las cinco de la tarde llegamos a la cima en medio de un clima bastante malo, casi sin posibilidad y en medio de una incómoda nevada.

A las ocho y media de la noche estuvimos nuevamente en el Campo Base.

Luego nos trasladamos al lado sur de la cordillera.

 

Al filo de la Laguna Grande plantamos nuestro Campamento Base en compañía de Julio, un simpatiquísimo boyacense que nos ayudó como cocinero de la expedición.

Nuestro objetivo era, de ser posible, buscar la posibilidad de una vía nueva en el Cóncavo.

A las 8 de la mañana del viernes 11 de febrero dejamos el Campo Base en dirección a la cara sur del Cóncavo la que se presenta como una tapia de roca cortada en vertical, con un desnivel de unos tres cientos metros.

Por entre uno de los vericuetos que dejan los caprichos de la roca logramos encontrar un recorrido vertical y precioso que después de ocho largos nos permitieron acceder a la cima del Cóncavo Norte, con el regalazo de haber podido abrir una vía nueva a la que, no sé si con elegancia, pero sí con mucho humor, la bautizamos con el nombre de Ajiaco de Cuy, haciendo alusión a que esta vía fue abierta por tres ecuatorianos y un colombiano.

 

El Cóncavo

Cerca de las siete de la noche llegamos a la cima del Cóncavo, para variar, tarde y con mal clima.

A las once de la noche estuvimos de vuelta en el Campo Base.

El sábado 12 de febrero nos tomamos un día de descanso, disfrutando de la preciosa vista que se tiene desde ese lugar.

El domingo 13 nos dirigimos a la parte más austral del sector tras la cima del Púlpito del Diablo.

 

 

El Púlpito es un monolito de roca gigantesco depositado en medio del glaciar que circunda al Pan de Azúcar, montaña que se asienta al lado oriental del monolito de marras.

La escalada no requiere de mucho tiempo, se trata apenas de un par largos y un poquito más, pero es de aquellas escaladas en donde son suficientes ochenta metros verticales para que te quedes con el recuerdo agradable de haberle retado al vacío por un par de horas.

Ese mismo día a las nueve de la noche estuvimos de regreso en el pueblito de Guicán para tomar una ducha y comer un ajiaco colombiano. El de Cuy ya lo habíamos disfrutado.

 

En la cima del Cóncavo a las siete de la noche, después de haber abierto la vía "Ajiaco de Cuy"

En la cima del Púlpito,
a mis pies sólo el vacio.

 

A las tres de la mañana tomamos un bus que después de un viaje de doce horas nos dejó de nuevo en Suesca, de camino a la casa de Fercho.

Cuando escribo esta noticia estoy preparando mochilas para continuar mis aventuras, esta vez en el Pirineo español, primero, y luego a las Dolomitas en Italia.

Un fuerte abrazo desde Quito.

 

 

Carla Pérez en la travesía que la llamamos "El Gusanito", porque es cómo pudimos pasar en la parte más estrecha

Topito Mena abriendo un largo muy vertical en el Púlpito

 

Iván Vallejo Ricaurte

EXPEDICIONARIO

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