Queridos amig@s del Ecuador y del mundo

Les escribo desde Rovereto, esta pequeña ciudad al pie de las Dolomitas, lugar al que vine a visitar sus montañas.

El pasado dia sabado sufrí un pequeño accidente mientras esquiaba en la pista de San Valentin (pura coincidencia con lo del 14 de febrero..jejejeje) , gracias a Dios sin mayor novedad pero que la atencion que recibí en el Hospital General de Rovereto dio pie a la simpatica cronica que les comparto en esta ocasion.

Como siempre, espero que la disfruten.

Un fuerte abrazo desde Italia

Feliz San Valentin

Iván Vallejo Ricaurte

SOMOS ECUADOR

 

 

Mis queridos amigos de Rovereto: Gloria, Roberto y sus hijos Nicolo y Marco, en la pista de esqui de San Valentino

Los anfitriones de esta historia que hoy les comparto son Gloria Brighenti y Roberto Misseroni. Lindos amigos, ambos amantes de la montaña. Ella Directora Médica y él Director Técnico del Cuerpo de Rescate Italiano, afincados en Rovereto, ciudad alpina localizada al pie de las Dolomitas.

Esta es mi historia.

Invitado por mis anfitriones el sábado pasado fui a esquiar a la estacion de San Valentino, en la provincia de Trentino al pie de las Dolomitas. Con la suerte que normalmente me acompaña en la montaña, las condiciones estuvieron perfectas: el cielo, la temperatura y la nieve en su punto. Había hecho ya dos pistas, me encontraba disfrutando inmensamente de esquiar porque ya no tenía la angustia y el miedo de hace dos años cuando me hallaba en el proceso de apredizaje. Todo iba de maravilla hasta que en uno de los giros fui a dar de bruces en el suelo, lo cual es mormal en estos casos cuando el marchante no es campeón olímpico de esquí, ni mucho menos. El asunto es que al caerme me golpee con la cámara fotográfica que la llevaba colgada en el pecho. Sentí un dolor muy agudo y me quede en el suelo acurrucado con mi queja, me ayudaron a recuperar los esquis y me dije -me jodi......-, pensando en la siguente expedición que tengo a las puertas. Me levanté, me calcé los esquis, terminé de bajar la pendiente con un tremendo dolor, pero sobre todo muy preocupado porque estaba seguro que me habia roto alguna costilla.

Fue muy rara la manifestación de dolor porque en el momento que hice esfuerzo para erguirme un sonido seco, algo así como un "crack", retumbó desde el interior de mi caja toráxica, como si algo se hubiera acomodado, o se hubiera roto del todo. Acto seguido me senti mejor, como si nada....bueno como ¨casi nada¨ La Glo y Roby se preocuparon mucho, me hicieron muchas preguntas a la vez: Si podía respirar, si me dolía mucho, si necesitaba rescate? No tenia ninguna duda de que, gracias a Dios, estaba en las mejores manos. Ya sin el dolor presente pude hacer una auto evaluacion de la situacion. Con el inidice y el anular de mi mano derecha me acaricie suavemente mi costilla inferior izquierda, como quien se da un masaje de amor; alcé a ver al cielo que estaba de un azul profundo, baje la mirada para ver la nieve y me dije: “tampoco es para tanto, no se puede perder un dia asi….” Asi que me volvi a calzar los esquis, me subi a la tele silla y continue esquiando.

Como las caídas son habituales cuando uno esta aprendiendo este oficio, me volvi a caer y entonces pegaba unos alaridosn que me escuchaba hasta en el purgatorio. Pero como aprendi la contorsion necesaria para que se acomodora “la costilla que fuera”, repetí el ejercicio y otra vez “como una flor”

Asi y todo esquie hasta las cuatro y media de la tarde.

Estuvo precioso el dia, me la goce al maximo, pero habia que volver a la realidad.

Subido en el auto, con la adrenalina más baja, sentí que al tema de la costilla había que prestarle atencion. La Glo tenia la misma idea. Llegados a la casa, tomé el pasaporte, la billetera (para las medicinas por lo menos no?) y salimos por las mismas de camino al hospital. Llegados al parqueadero del Hospital General de Rovereto, la Glo muy orgullosa empezó a hablarme de las bondades de los servicios públicos de Trentino (nombre de la Provincia), hasta cuando entramos a la sala de Emergencias y ante nuestra sorpresa el panorama pintaba una espera para buen rato.

Discretamente heche un ojo al reloj de pared que colgaba en la parte principal, no tenia marca (claro, no estamos en Suiza), supuse entonces que era hecho en China, marcaba siete y diez de la noche.

El abrigo de la habitacion contrastaba con el frio de un grado que hacía hasta hace unos segundos en la puerta de ingreso. Contrariamente al efecto atenuenate de olores que ejerce el frio, la habitacion exudaba un olor que mezclaba el mertiolate, la ascepcia y los efluvios vaporosos de los seres humanos hacinados en medio del dolor y la incertidumbre.

En la sala de espera habia mucha gente, la mayoria eran locales. La reducida banca de extranjeros estaba conformada por una pareja de musulmanes, él con cejas negras bien pobladas y con tanto cabello que el espacio destinado para la frente, era minimo. Ella envolvía su cabeza con un pañuelo marrón de seda y se colgaba discretamente del brazo de su amado; el otro extranjero debia ser de algun lado de europa del este, genio y figura. El pobre tenia la mirada perdida del dolor, de vez en cuando volvia a la tierra y en ese momento se llevaba las dos manos a la cara para estrujarse la piel desde los pómulos hasta el final de la frente, como si ese acto sirviera para exorcizar en algo su sufrimiento. El tercer representante era yo, latino, sudamericano, venido de las montañas del Ecuador para esquiar en los bellisimos alpes de Italia, con posible fractura de costilla.

Ante semejante gentío la Glo frunció el ceño y me dijo, en su estupendo español –uuuy Ivancito aqui hay una espera de por lo menos dos horas- Como el interesado en la espera era yo acordamos que la Glo se regresara a la casa a atender a los niños y a Roberto. Yo me quede sentadito y el primer ejercicio que hice fue mirar, con absoluta discresión, a mis colegas de dolor (es de alli que saqué la observacion a mis pares musulmanes y a mi par…digamos que…..rumano). Pero ahora me concentré en los locales. Por ese fetiche mio que tengo en los zapatos comence por mirar el calzado y antes de realizar el ascenso visual jugaba a adivinar como seria su dueñ@.

Entonces me encontré…..

….. con un par de botas marrón oscuro de piel, tubo delgadito, dos hebillas, una en el tobillo y la otra cerca de la rodilla. Un par de botas con estilo. La dueña, de cabello castaño, era una italiana de figura delgada, como las botas, que llevaba el cabello recogido con una cola de caballo que permitia mostrar en pleno el rosado con blanco de la frente. Ella no era la enferma, su madre era la enferma.

Me encontré

….con un par de zapatos de trekking grises oscuros avivados por un par de piezas blancas al costado haciendo mención de la marca. No estaban muy usados ni manchados de lodo como los mios, para mi gusto el dueño se los había comprado más para lucirlos que por el servicio mismo que pueden brindar, algo parecido a algunos colegas que se compran un 4x4 y en la vida llegan a poner la doble en plan serio, porque lo más extremo que han hecho es usarla para parquearlo encima de una vereda. Despues de las botas venia un blue jean, invento maravilloso del Imperio. Me encontre con los ojos entornados del…digamos que…rumano

Me encontré…

….con un par de botas amarillas con pasadores color café, modelo Caterpillar, de esas que le van bien a él o a ella. Lentamente subi la mirada y me encontré con unas mallas cafés (combinando con los pasadores y complementando el color de las botas), entonces supe que era ella. Ella era mamá. Llevaba una niña en sus brazos, fiel copia del original, cabello rizado y piel mulata. Si no era porque me encontraba en ese momento en Rovereto hubiera jurado que era del Caribe, con un dejo (conservando las distancias desde luego) de Halle Berry (chica Bond por si acaso). De ese duo nunca supe quien era la enferma, las dos lucian radientes. Es más, a nosotros los adoloridos nos resultaba una especia de afrenta semejante presencia en la sala de emergencia.

En este juego entre los zapatos y el aspecto de sus dueñ@s se me fueron dos horitas. Eran las 9 y 20 y la sala seguia a punto de reventarse. Por cada nombre que llamaban para ser atendido ingresaban otros dos con peores agravios que los nuestros, y claro mi expediente, que constaba apenas con una posible fractura de costilla por la travesura de esquiar, seguia quedándose al final.

La Glo regreso a la diez de la noche a ver como iba el asunto.

Ni frunció el ceño ni entorno los ojos. Se limito a decirme -esto es una locura- Con todo respeto, porque es la dueña de casa, y es más, ella misma trabaja en este hospital, me limite a decirle -si, esto es una locura- Amablemente le pedí a la Glo que se regresara a casa (vive a 5 minutos del hospital) y que yo le llamaría cuando me tocara el ingreso.

Asi fue.

Hombre precavido vale por dos. Saque de mi mochilita roja el libro en el que estoy estudiando para mi ultimo exámen de Coach. Brillante idea la de andar a cargar un librito, pues uno nunca sabe en donde le puede tocar cola de espera de más de dos horas. Me sumerguí en el libro y en sus ejercicios, repasando las sugerencias, subrayando las recomendaciones, entendiendo las preguntas. De vez en cuando alzaba a ver el reloj hecho en china, ya eran las once de la noche –Fresco Valle, que bueno que solo fue una costillita nomas-

En mi tendencia de tener siempre a la mano un plan B, se me ocurrió preguntarle a la Glo, por mensaje de texto, como se dice en italiano “Hoy me cai, esquiando” “Lllevaba aqui una cámara fotográfica y creo que está rota una costilla”

Me repondio la Glo: “Oggi sono caduto sciando” ..”In quel punto avevo una macchina fotografica”…”Io creo quei esta rota la costola” Recibido el mensaje hice un parentisis en mis estudios de Coach y me decidi por estudiar italiano, como plan B, porsi la Glo no alcanzaba a llegar.

Y asi fui combinando mis lecciones de ayuda personal con el monólogo en italiano que me serviría para ayudarme en este hospital de Trentino.

Ingresa un niño de unos siete años de edad, con vendaje en toda su cabeza. Su mamá pálida de la angustia y el niño sin conciencia. Ingresa una señora enyesada desde la muñeca hasta cerca de la axila, pero por algo que no alcanzo a entender lleva el brazo levantado como bandera, peleándose contra la ley de la gravedad. Ingresa un joven con una especie de máscara blanca de gasa, lo cual le da una investidura similar a la que llevaban los boxeadores de lucha libre mexicanos.

Yo mismo no entiendo como me doy modos para combinar esas imágenes de dolor con el discurso de como ayudarles a mis clientes a lograr sus objetivos.

El reloj chino marca las doce de la noche y por fin escucho por el paralante “Vallejo Ricaurte Edgar. Ambulatorio número due” Voy al ambulatorio “numero due” y allí me espera una doctora y dos asistentes: ella pelirroja (con Koleston de Wella) y él con pelo ensortijado. Los tres jovencitos. Enseguida se me ocurre pensar que estoy en un hospital auspiciado por la Revolución ciudadana. Tal como lo había pensado en mi plan B, arranco con mi discurso “ Bona Cera doctora. Io parlo poco italiano…Oggi sono….”

La doctora y la asistente me hacen las preguntas de rigor, luego viene la averiguacion física y el correspondiente alarido de dolor cuando me tocan el punto en cuestión.

La doctora amablemente, hablándome pausadamente en italiano, me indica que debo subir al segundo piso para que me tomen una radiografía. Alicio, otro joven miembro de la Revolución, me lleva hasta el departamento de Rayos X. Para hacer más corto la espera le hago la conversa comenzando con el mejor idioma en cualquier parte del planeta, el de la sonrisa. Alicio tiene treinta y tres años, trabaja desde hace diez en el Hospital de Rovereto. Le hago el comentario de que si es normal esperar tanto en la Sala de Emergencias y me comenta que este dia “ha sido un dia especial, una locura, que ha roto el record de atención de urgencias…160 en un solo día, nunca antes ha pasado algo asi”

Ante esa respuesta respiro aliviado y me dijo –Fresco Valle, no era por tu ¨costillita nomás¨, era que le acertaste al peor dia del año- Me toman las radiografias en cuatro posiciones, el radiólogo buena gente y el enfermo agradecido. Alicio me lleva de vuelta a la Sala de Espera y en un gesto amable me dice “tanto gusto de conocerte”..yo le devuelvo el cumplido.

Vuelvo a la sala que a estas alturas del partido quedan solo los abandonados, los que llegamos a las siete de la noche: el digamos…. que rumano, un chico con el dedo fracturado y un servidor. El resto caras nuevas, enfermas, pero nuevas.

Abro el libro y sigo estudiando. La Glo entre cansancio y preocupacion me escribe un mensaje -¿Cómo vas Ivancito? - y le respondo -Muy bien Glorita, sigo estudiando, ya voy por el capitutlo cuatro. Agradecido con el Hospital General pues este tiempo lo he aprovechado de maravilla: Duérmete nomás, yo les aviso cuando salga- Finalmente vuelvo a escuchar mi nombre “Vallejo Ricaurte”. Me recibe la Doctora Onorina Stanziale y como mi sonrisa genera otra. Con sonrisa me dice “buenas noticias no tiene la costilla rota, es un golpe muscular muy fuerte, pero no esta rota” Me sonrío más todavia y le agradezco a Onorina. Me da un par de inidcaciones para el dolor y.....“arrivederci”

Cruzo la Sala de Espera y ya no le encuentro al….digamos que rumano. El pobre se cansó de esperar y creo que se regresó… a Rumania. De paso alzo a ver el reloj blanco, posiblemente hecho en China de numeros negros grandes, y compruebo que son las dos de la mañana. Hago matemáticas rápidas: siete mas siete, catorce. -Bueno, creo que valio la pena esperar siete horitas para que me digan que no tengo nada-

Salgo del Hospital General y me recibe de lleno el frio gélido del invierno de Rovereto. Me arropo con la chaqueta de plumas, me bajo más todavia el gorro de lana y hundo mi cara en el forro de la chaqueta. Mientras camino por la calle helada reflexiono y hay algo que no me cuadra. Si no tengo la costilla rota porque me duele tanto y porque me suena “crack” cuando hago un movimiento indebido?

Tomo el celular y le llamo sin pensar dos veces al Osquitar Concha (mi médico de cabecera). Me contesta emocionado y enseguida me pregunta: Como estas Sancito? –Te tengo dos noticias Osquitar, una buena y una mala- -Dime Sancito- -La buena es que hoy esquié de maravilla, la mala es que me caí y creo que me rompí la costila-

Despues de contarle el comentario de Onorina, con los detalles que coresponden y mis síntomas incluidos, en cuestion de un segundo Osquitar me responde –Sancito, si no está rota la costilla, entonces está fisurada. Difícilmente se puede descubrir una fisura en una primera radiografía, entonces lo que tienes que hacer es…..” –Genio mismo eres Osquitar, de haberte llamado antes me obviaba estas siete horitas de espera y ciento diez euros de pago, pero bueno, lo valioso es que me sirivio para estudiar cinco capitulos para mi siguiente exámen de Coach. Gracias Osquitar, te quiero mucho-

El frio me volvio a morder la cara y las manos. Hasta tanto ya habia llegado Roby para llevarme de vuelta a casa. Apenas entré tiritando al auto me preguntó cual fue el resultado y sin entrar en detalles le dije –Valió la pena la espera, no tengo rota la costilla, solo esta fisurada, mañana toca descanso-

Él tan amable me dijo –Me dispiace mucchio tanto tempo di espera- Antes de contestarle se me vino a la cabeza, como una ráfaga, el tema de Juan Luis Guerra: ¨Me llevaron a un hospital de gente, supuestamente. Alguien se apiade de mi, grité perdiendo el sentido, y una enfermera se acerco a mi oreja y me dijo Tranquilo Boby tranquilo¨

Entonces le respondí tranquilo Roby tranquilo, no te preocupes, porque es difícil “Cruzar el Niagara en Bicicleta”

Con mi profe Roby, después de la última clase hoy día 14 de febrero.

Rovereto, 14 de febrero de 2013

Feliz dia de San Valentin.

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